martes, 27 de julio de 2010

Amanecer-Libro3-Bella-Cap. 18 Deseo de sangre

18. DESEO DE SANGRE

Ellos vinieron con todas las pompas, con una aire de belleza.
Ellos vinieron en una rígida y formal formación. Se movían en conjunto, pero no era una marcha; circulaban en perfecta sincronía con los árboles -una oscura e irrompible forma que parecía sostenerse unas pulgadas encima de la blanca nieve, tan suave era el avance.
El perímetro exterior era gris; el color se oscurecía con cada línea de cuerpos hasta llegar al corazón de la formación, de un profundo negro. Cada rostro estaba cubierto y ensombrecido. El ligero roce de sus pies era tan regular que era como música, un complicado ritmo que nunca decaía.
A una señal que yo no vi -o talvez no hubo señal, sólo milenios de práctica-la configuración se dobló hacia fuera. El movimiento fue muy brusco, muy cuadrado para asemejarse a la apertura de una flor, aunque el color lo sugiriese; fue la apertura de un abanico, elegante pero demasiado anguloso. Los figuras de grises capas se abrieron hacia los flancos mientras que las formas más oscuras avanzaron hacia el centro, cada movimiento perfectamente controlado.
Su avance era lento pero deliberado, sin apuros, sin tensión, sin ansiedad. Era el ritmo de lo invencible.
Era casi como mi vieja pesadilla. La única cosa que faltaba era el deleite que yo había visto en las caras de mis sueños –las sonrisas de vengativa alegría. Hasta ahora, los Volturi estaban demasiado disciplinados para mostrar alguna emoción. Ellos ni siquiera mostraron sorpresa o consternación a la colección de vampiros que los esperaban aquí –una colección que lucía, de pronto, desorganizada e improvisada en comparación. No mostraron sorpresa al gigante hombre lobo que se apostaba entre nosotros.
No pude evitar contar. Había treinta y dos de ellos. Aún si no contabas los dos grupos de negras capas que se encontraban detrás de todo, quienes yo creía debían ser las esposas –su posición protegida sugería que no estarían envueltas en el ataque-nosotros seguíamos siendo superados en número. Éramos sólo diecinueve de nosotros los que pelearíamos, y luego siete más que mirarían mientras éramos destruidos. Aún contando a los diez lobos, ellos nos tenían en sus manos.
“Los casaca roja están llegando, los casaca roja están llegando [se refiere a soldados británicos],”Garret murmuró entre dientes, misterioso, para sí mismo y entonces se río. Se acercó un paso más cerca de Kate.
“Ellos vinieron,”le susurró Vladimir a Stefan.
“Las esposas,”dijo Stefan le contestó entre dientes.”La guardia entera. Todos ellos juntos. Es bueno que no intentamos [¿atacar?] Volterra.”
Y entonces, como si su número no fuera suficiente, mientras los Volturi avanzaban lenta magistralmente, más vampiros comenzaron a entrar al claro detrás de ellos.
Los rostros de los vampiros que parecían llegar sin fin, eran la antítesis de los rostro disciplinados y sin expresión de los Volturi –ellos mostraban un calidoscopio de emociones. Primero estaba el shock y hasta un poco de ansiedad cuando se encontraban con la imprevista fuerza que los esperaba. Pero esa inquietud pasaba rápidamente; ellos estaban seguros de sus aplastantes cifras, seguros en su posición detrás de la imparable fuerza de los Volturi. Sus rasgos volvieron a la que ellos mostraban antes de los sorprendiéramos.
Era fácil de entender su forma de pensar –sus rostros eras así de explícitos. Esta era una turba enfadada, azotada por un frenesí y rogando por justicia. No había comprendido del todo los sentimientos del mundo de los vampiros hacia los niños inmortales hasta que leí sus rostros.
Estaba claro que esta variopinta y desorganizada horda –más de cuarenta vampiros todos juntos- sería el testigo de los Volturi. Cuando nosotros estemos muertos, ellos esparcirían la noticia de que los criminales habían sido erradicados, que los Volturi habían actuado con nada más que imparcialidad. Pero parecía como si ellos más que esperar la oportunidad de ser testigos, desearan ser los que ayudaran a desgarrar y quemar.
Nosotros no teníamos la más leve esperanza. Aún si nosotros pudiéramos neutralizar el avance de los Volturi, ellos nos seguirían sepultando en número. Aún si matáramos a Demetri, Jacob no sería capaz de salir de esto.
Lo pude sentir así como la comprensión era asimilada alrededor mío. La desesperación enturbiaba el aire, que se hacía más pesado comenzando a tirarme hacia abajo con más presión que antes.
Un vampiro de la fuerza opuesta no parecía corresponder a ninguna de las dos partes; reconocí a Irina mientras ella titubeaba entre las dos compañías, su expresión única entre las otras. La mirada horrorizada de Irina se dirigía a la posición de Tanya en la línea frontal. Edward lanzó un gruñido bajo pero ferviente.
“Alistair tenía razón,”le dijo a Carlisle.
Miré como Carlisle observaba a Edward inquieto.
“¿Alistar tenía razón?,”susurró Tanya.
“Ellos –Caius y Aro-vinieron para destruir y adquirir,”Edward le respondió susurrando casi silenciosamente; sólo nuestro lado pudo oír. “Ellos ya tienen varias estrategias en juego. Si la acusación de Irina resulta ser falsa, ellos buscarán otra razón para tomar la ofensiva. Pero ellos pueden ver a Renesmee ahora, por eso están bastante optimistas. Podemos seguir intentando defendernos de sus falsas acusaciones, pero ellos deben parar primero, para oír la verdad sobre Renesmee.”Y ahora, aún más bajo.”Cosa que ellos no tienen intención de hacer.”
Jacob dio un extraño jadeo.
Y entonces, inesperadamente, dos segundos después, la procesión se detuvo. La suave música de sus movimientos perfectamente sincronizados se tornó en silencio. La perfecta disciplina se mantuvo irrompible; los Volturi se congelaron en una absoluta tranquilidad, todos juntos. Ellos se pararon a unas cien yardas lejos de nosotros.
Detrás de mí, a mis lados, escuché el palpitar de grandes corazones, más cerca que antes. Arriesgué miradas hacia mi derecha y mi izquierda, desde los costados de mis ojos para ver qué había detenido el avance de los Volturi.
Los lobos se nos habían unido.
A los lados de nuestra torcida línea, los lobos se expandían como largos brazos que nos bordeaban. Sólo necesité una fracción de segundo para notar que había más de diez lobos, para reconocer los lobos que me eran familiares de los que nunca había visto. Había dieciséis de ellos repartidos alrededor nuestro –diecisiete en total, contando a Jacob. Era claro por su altura y sus enormes patas que los nuevos eran todos muy, pero muy jóvenes. Supongo que debí haber esperado esto. Con tantos vampiros acampando en el barrio, la explosión de populación de hombres lobo era inevitable.
Más niños muriendo. Me pregunté porqué Sam había permitido esto, y entonces entendí que él no había tenido otra elección. Si algunos de los lobos se quedan con nosotros, los Volturi se encargarían de buscar al resto de ellos. Ellos se han jugado su especie entera con esta decisión.
Y nosotros íbamos a perder.
Abruptamente, yo estaba furiosa. Más que furiosa, yo estaba presa de un ira asesina. La desesperación se desvaneció enteramente. Un débil brillo rojo realzaba las oscuras figuras frente a mí, y lo único que quería en ese momento era la oportunidad de hundir mis dientes en ellos, arrancar sus miembros de sus cuerpos y apilarlos para quemarlos. Estaba tan enloquecida que podría haber danzado alrededor de la pira donde ellos se asaban vivos; habría reído mientras sus cenizas ardían. Mis labios se curvaron automáticamente, y un bajo, fiero gruñido desgarró mi garganta desde la boca de mi estómago. Me di cuenta de que las esquinas de mis labios se había alzado formando una sonrisa.
Al lado mío, Zafrina y Senna hacían de mi silencioso gruñido. Edward apretó la mano que seguía sosteniendo para advertirme.
Los ensombrecidos rostros de los Volturi seguían mayormente inexpresivos. Sólo dos pares de ojos traicionaron alguna emoción. En el mismo centro, tocando sus manos, Aro y Caius pararon para evaluar, y la entera guardia se detuvo con ellos, esperando por la orden para matar. Ninguno de los dos miró al otro, pero era obvio que se estaban comunicando. Marcus, aunque estaba tocando la otra mano de Aro, no parecía formar parte de la conversación. Su expresión no era tan mecánica como la de los guardias, pero era casi tan vacía. Como la anterior vez que lo vi, el parecía estar completamente aburrido.
Los cuerpos de los testigos de los Volturi se inclinaban hacia nosotros, sus ojos fijados furiosamente en Renesmee y yo, pero ellos se quedaban cerca del margen del bosque, dejando un gran espacio entre ellos y los soldados de los Volturi. Sólo Irina se mantenía cerca de los Volturi, sólo unos pasos apartada de las antiguas mujeres –ambas rubias con pieles como polvo y ojos transparentes-y de los dos enormes guardaespaldas.
Había una mujer de las de capas gris oscuro justo detrás de Aro. No podía estar segura, pero ella parecía estar tocado su espalda. ¿Era ella el otro escudo, Renata? Me pregunté como Eleazar lo hizo, si ella sería capaz repelerme.
Pero yo no gastaría mi vida tratando de llegar a Caius o Aro. Tenía blancos más importantes.
Busqué en la línea por ellos ahora y no tuve dificultad para reconocer a los dos pequeños, con capas de profundo gris cerca del centro de la formación. Alec y Jane, fácilmente los miembros más pequeños de la guardia, manteniéndose de pie al costado de Marcus, franqueados por Demetri del otro lado. Sus amorosos rostros eran tersos, no revelando nada; ellos portaban las capas más oscuras al lado de las puramente negras de los antiguos. Los gemelos brujos los había llamado Vladimir. Sus poderes eran el pilar de la ofensiva de los Volturi. Las joyas de la colección de Aro.
Mis músculos se flexionaron, y el veneno llenó mi boca.
Los rojos ojos nublados de Aro y Caius parpadearon cruzando nuestra línea. Leí decepción en el rostro de Aro mientras sus ojos vagaban sobre nuestras caras una y otra vez, buscando por quien estaba perdida. El disgusto lo hizo apretar sus labios.
En ese momento, no estaba más que agradecida que Alice hubiera escapado.
Así como la pausa se alargaba, escuché la respiración de Edward acelerarse.
“¿Edward?”preguntó Carlisle, bajo y ansioso.
“Ellos no están seguros de cómo proceder. Están sopesando sus opciones, eligiendo los blancos claves –yo, por supuesto, tú, Eleazar, Tanya. Marcus está leyendo la fuerza de nuestros vínculos, buscando puntos débiles. La presencia de Los Rumanos los irrita. Están preocupados por los rostros que no reconocen –en particular por Senna y Zafrina- y los lobos, naturalmente. Ellos nunca había estado en desventaja numérica. Eso es lo que los detuvo.
“¿En desventaja?”Susurró Tanya, incrédula.
“Ellos no cuentan a los testigos,”murmuró muy suavemente Edward.”Son insignificantes, no tiene importancia para la guardia. Aro sólo disfruta de la audiencia.”
“¿Debería hablar con él?”preguntó Carlisle.
Edward dudó, pero luego asintió.”Esta es la única chance que vas a conseguir.”
Carlisle enderezó sus hombros y se adelantó varios pasos de nuestra línea defensiva. Odiaba verlo solo, desprotegido.
Él extendió sus brazos, palmas hacia arriba como si estuviera saludando.”Aro, mi viejo amigo. Han pasado siglos.”
El blanco claro estuvo en un duro silencio por un largo momento. Podía sentir la tensión desbordando de Edward mientras escuchaba cómo Aro evaluaba las palabras de Carlisle. La tensión crecía a medida que los segundos pasaban.
Y entonces Aro se alejó del centro de la formación de los Volturi. El escudo, Renata, se movió con él, como si la punta de sus dedos estuviera cosida a su toga. Por primera vez, las filas de los Volturi reaccionaron. Un murmullo de quejas cruzó la línea, muchas cejas se juntaron al fruncirse los ceños, labios que se encresparon sobre los dientes. Algunos guardias se pusieron de cuclillas.
Aro levantó una mano hacia ellos. “Haya paz.”
Caminó unos pasos más, y luego ladeó su cabeza hacia un costado. Sus lechosos ojos brillaron con curiosidad.
“Sabias palabras, Carlisle,”susurró en su fina y tenue voz.”Parece fuera de lugar, considerando el ejercito que has montado para matarme y matar a los que quiero.”
Carlisle sacudió su cabeza y extendió su mano derecha hacia delante como si no hubiera una distancia de cien yardas entre ellos.”Tú sólo tienes que tocar mi mano derecha para saber que esa nunca fue mi intención.”
Los astutos ojos de Aro se estrecharon.”¿Pero cómo puede tu intención importar, querido Carlisle, en vista de lo que has hecho?”Frunció el ceño, y una sombra de tristeza cruzó sus rasgos –si era genuina o no, no podría decirlo.
“No he cometido el crimen por el cual tu estás aquí para castigarme.”
“Entonces apártate y déjanos castigar a los responsables. Verdaderamente, Carlisle, nada me agradaría más que preservar tu vida el día de hoy.”
“Nadie ha quebrado la ley, Aro. Déjame explicarte.”De nuevo, Carlisle ofreció su mano.
Antes de que Aro pudiera contestar, Caius se dirigió con rapidez al lado de Aro.
“Tantas reglas sin sentido, tantas leyes innecesarias que has creado para ti, Carlisle,”el antiguo de cabellos blancos, bufó.”¿Cómo es posible que defiendas el incumplimiento de una de las que verdaderamente importa?”
“La ley no ha sido infringida. Si tu escucharas –“
“Vemos al niño, Carlisle,”Caius gruñó.”No nos trates como tontos.”
“Ella no es un inmortal. Ella no es vampiro. Puedo probarte esto en sólo un momento –“
Caius lo cortó.”Si ella no es un vampiro, ¿por qué concentraste un batallón para defenderla?”
“Testigos, Caius, igual a los que ustedes han traído.”Carlisle señaló a la enfadada horda en el margen del bosque; algunos gruñeron en respuesta.”Cualquiera de estos amigos pueden decirte la verdad sobre esta niña. O sólo podrías verla a ella, Caius. Ver el rubor de sangre humana en sus mejillas.”
“¡Artificios!”Caius rugió.”¿Dónde está la informante? ¡Déjenla acercarse!”El estiró su cuello hasta que pudo ver a Irina confundida detrás de las esposas.”¡Tú! ¡Ven!”
Irina lo miró fijamente sin comprender, su cara era como la de alguien que todavía no está despierto del todo luego de una espantosa pesadilla. Impaciente, Caius chasqueó sus dedos. Uno de los grandes guardaespaldas de las esposas se acercó a Irina y le dio un codazo fuerte en la espaldas. Irina parpadeó dos veces y entonces caminó lentamente hacia Caius aturdida. Ella se detuvo varias yardas antes, sus ojos todavía en sus hermanas.
Caius acortó la distancia entre ellos y le dio una cachetada.
No debió doler, pero había algo terriblemente degradante sobre esa acción. Era como ver a alguien patear a un perro. Tanya y Kate bufaron en sincronía.
El cuerpo de Irina se volvió rígido y sus ojos por fin se enfocaron en Caius. Apuntó con uno de sus dedos a Renesmee, dónde ella se apretaba a mi espalda, sus dedos todavía enredados en el pelaje de Jacob. Caius se volvió completamente rojo en mi furiosa mirada. Un gruñido retumbó en el pecho de Jacob.
“¿Esta es la niña que viste?”Demandó Caius.”¿La que era obviamente más que humana?”
Irina nos observó detenidamente, examinando a Renesmee por primera vez desde que entró en el claro. Su cabeza se inclinó a un costado, la confusión cruzó sus rasgos.
“¿Y bien?”Caius siseó.
“Yo... Yo no estoy segura,”dijo ella con tono perplejo.
La mano de Caius se flexiono como si quisiera pegarle de vuelta.”¿Qué quieres decir?”dijo él, en un susurro férreo.
“Ella no es la misma, pero creo que es la misma niña. Lo que quiero decir es, que ella está cambiada. Esta niña es más grande de la que yo vi, pero –“
El furioso jadeo de Caius crujió a través de sus dientes desnudos, e Irina se apartó si terminar. Aro se acercó a Caius y puso una mano en su espalda para retenerlo.
“Serénate, hermano. Tenemos tiempo para resolver esto. No hay necesidad de precipitarse.”
Con una huraña expresión, Caius le dio la espalda a Irina.
“Ahora,”dijo Aro en un cálido y dulce murmullo.”Muéstrame qué estás tratando de decir.”El acercó su mano a la apabullada vampiro.
Insegura, Irina tomó su mano. Él la tomo por sólo cinco segundos.
¿Ves Caius?”dijo.”Es simple obtener lo que necesitamos.”
Caius no respondió. Por la esquina de su ojo, Aro observó a su audiencia una vez, tu turba, y entonces se volvió hacia Carlisle.
“Ahora parece que tenemos un misterio en nuestras manos. Pareciera que la niña ha crecido. Y aún así Irina primera memoria de Irina era la de un niño inmortal. Curioso.”
“Eso es exactamente lo que estoy tratando de explicar,”dijo Carlisle, y por el cambio de su voz pude darme cuenta de su alivio. Esta era la pausa en la que todos teníamos puestas nuestras esperanzas.
Yo no sentí alivio. Esperaba, casi entumecida por la rabia, por las estrategias que Edward había prometido.
Carlisle volvió a levantar su mano.
Aro dudó por un momento.”Preferiría recibir explicaciones de alguien más central en la historia, mi amigo. ¿Estoy equivocado en asumir que esta trasgresión no fue hecha por ti?”
“No hay ninguna trasgresión.”
“Déjalo ser como tenga que ser, yo tendré todas las facetas de la verdad.”La suave voz de Aro se endureció.”Y la mejor manera de tener esto, es teniendo la evidencia directamente de tu talentoso hijo.”Inclinó su cabeza en la dirección de Edward.”Así como la niña se sujeta a la espalda de su neófita compañera, asumo que Edward está envuelto.”
Por supuesto que el quería a Edward. Una vez el se metiera en la mente de Edward, conocería todos nuestros pensamientos. Excepto los míos.
Edward se giró para besar rápidamente mi frente y la de Renesmee, sin mirarme a los ojos. Entonces cruzó a grandes zancadas el campo nevado, palmeando el hombro de Carlisle cuando pasó. Escuché un suave gimoteo detrás de mí –el terror de Esme se abría paso.
La bruma roja que veía alrededor del ejercito de los Volturi flameó más brillante que antes, no podía soportar ver a Edward cruzar el vació y blanco espacio solo –pero tampoco podía aguantar tener a Renesmee un paso más cerca de nuestros adversarios. Me debatía entre esos dos deseos opuestos; estaba fuertemente congelada que sentía que mis huesos podrían destrozarse de la presión.
Miré a Jane sonreírle a Edward mientras el cruzaba el punto medio en la distancia entre nosotros, cuando él estaba más cerca de ellos que lo que el estaba de nosotros.
Esa petulante sonrisa lo logró. Mi furia llegó a su límite, más alto que el deseo furioso de sangre que sentí en el momento en el que los lobos ingresaron en esta fatal pelea. Podía sentir mi locura en mi lengua –la sentía fluir a través de mí como un maremoto de puro poder. Mis músculos se tensaron, y actué automáticamente. Aventé mi escudo con toda la fuerza de mi mente, arrojándolo a través de la imposible expansión del campo –diez veces mi mejor distancia-como una jabalina. Mi respiración se aceleró en un bufido por mi esfuerzo.
El escudo saltó de mí en una burbuja de pura energía, una rápida nube de metal líquido. Latía como una cosa con vida –podía sentirlo, desde la cumbre hasta los bordes.
No hubo retroceso para el tejido elástico ahora, en ese instante de fuerza bruta, yo vi que el contragolpe que yo había sentido antes era mi propia fabricación - había estado aferrándome a esa parte invisible de mí autodefensa, subconscientemente involuntario para permitirle ir.
Ahora que lo había puesto en libertad, y mi escudo explotó cincuenta buenas yardas de mí, sin esfuerzo, tomando sólo una fracción de mi concentración. Podía sentirlo doblarse como simplemente otro músculo, obediente a mi voluntad. Lo empujé, en forma de un largo y puntiagudo oval.
Todo bajo el escudo de hierro flexible fue de repente una parte de mí -Podía sentir la fuerza vital de todo lo que cubría al igual que los puntos de calor brillante, deslumbrantes chispas de luz en torno a mí. Empuje el escudo hacia adelante hacia la longitud del claro, y exhalé en alivio cuando sentí a la brillante luz de Edward dentro de mi protección.
Lo sostuve allí, contrayendo este nuevo músculo de modo que esto rodeara estrechamente a Eduard, una delgada pero inquebrantable hoja entre su cuerpo y nuestros enemigos.
Apenas un segundo había pasado. Edward estaba aún caminando hacia Aro. Todo había cambiado en absoluto, pero nadie había notado la explosión excepto yo. Una risa sobresaltada estalló a través de mis labios. Yo sentí a los demás mirándome y vi el ojo negro grande de Jacob caer rodando para mirarme fijamente, como si yo hubiese perdido mi mente. 
Edward se detuvo a unos pasos de Aro, y yo comprendí con un poco de mortificación que aunque yo podía ciertamente, no debía impedir que este intercambio se produzca. Este era el punto de todos nuestros preparativos: conseguir que Aro escuche nuestra versión de la historia.
Era casi físicamente doloroso para hacerlo, pero de mala gana retiré mi escudo y dejé atrás a Edward expuesto de nuevo. La risa de ánimo había desaparecido. Yo me concentré totalmente en Edward, dispuesta a protegerlo al instante si algo salió mal.
La barbilla de Edward subió arrogantemente, y él sostuvo su mano hacia a Aro como si él estuviera confiriéndole un gran honor. Aro sólo parecía encantado con su actitud, pero su satisfacción no es universal.
Renata tembló nerviosamente en la sombra de Aro: s sombra. El ceño de Caius era tan profundo, que su piel se parecía al papel, translúcida plegada permanentemente. La pequeña Jane mostró los dientes, y al lado los ojos de su Alec se estrecharon en concentración. Me imaginé que estaba dispuesto, como yo, para actuar al aviso en un segundo.
Aro cerrado la distancia sin pausa- y realmente, que podía el temer? Las sombras grandes y pesadas de las capas ligeras -estaban, a escasos metros de distancia. Jane y su don de quemar podría arrojar Edward sobre el terreno, retorciendose en agonía. 
Alec podría cegarlo y ensordecerlo antes de que él pudiera dar un paso en la dirección de Aro. Nadie sabía que yo tenía el poder de pararlos, ni siquiera Edward. 
Con una sonrisa fluida, Aro tomó la mano de Edward. Sus ojos se cerraron de golpe de una sola vez, y luego sus hombros se encogieron bajo la avalancha de información. 
Cada pensamiento confidencial, cada estrategia, cada idea - Todo lo que Edward había escuchado en las mentes a su alrededor durante el mes pasado – era ahora de Aro. Más atrás de cada visión de Alice, cada momento tranquilo con nuestra familia, cada cuadro en la cabeza de Renesmee, cada beso, cada toque entre Eduard y yo... Todo eso era de Aro ahora, también.
Bufé con frustración, y agité el escudo con mi irritación, cambiando su forma y contrayendolo en torno a nuestro lado. 
"Tranquila, Bella," Zafrina me susurró.
Aprete mis dientes juntos. 
Aro seguía concentrando en los recuerdos de Edward. La cabeza de Eduardo se dobló también, los músculos en su cuello se tensaron mientras leía otra vez todo que Aro tomaba de él, y la respuesta de Aro a todo aquello.
Esta conversación de doble dirección pero desigual, siguió bastante tiempo más, que aún la guardia se puso incómoda. Bajos murmullos corrieron a través de la línea hasta que Caius ladró una orden aguda para pedir silencio. Jane estaba afilando adelante como si no pudiera evitarlo, y la cara de Renata era rígida con angustia.
Por un momento, examiné este potente escudo que parecía tan débil en pánico, aunque ella era útil para Aro, yo podía decir que no era ninguna guerrera. No era su trabajo luchar, sino proteger. No había sed de sangre en ella. Cruda como era, yo sabía que si esto fuera entre ella y yo, la borraría. 
Reenfoqué cuando Aro se enderezaba, sus ojos destellaban abiertos, su expresión intimidada y cautelosa. Él no había liberado la mano de Eduard.
Edward aflojó los músculos de la nuca ligeramente. 
"¿Ves?" Edward preguntó, con su voz de terciopelo en calma. 
"Sí, veo, de hecho," Aro acordó, y sorprendentemente, sonaba casi divertido. "Dudo si dos dioses o mortales nunca hayan visto tan claramente".
Las caras disciplinadas de la guardia mostraron la misma incredulidad que yo sentí.
"Me ha dado mucho que pensar, joven amigo," Aro continuó. "Mucho más de lo que esperaba." Aún no liberaba la mano de Edward, y la tensa postura de Edward era la de uno que escucha.
Edward no respondió.
"¿Podría conocerla?" Aro-preguntó casi implorando -con un repentino ansioso interés. "Nunca he soñado con la existencia de tal cosa en todos mis siglos. ¡Qué adición a nuestras historias!"
"¿De qué se trata, Aro?" Caius se quebró antes de que Edward pueda responder. Sólo la pregunta me hizo tirar a Renesmee alrededor de mis brazos, acunándola en protección contra mi pecho. 
"Algo con lo que nunca has soñado, mi amigo práctico. Tome un momento para reflexionar, sobre la justicia que intentabamos librar ya no se aplica."
Caius siseó en sorpresa a sus palabras. 
"Paz, hermano", advirtió suavemente Aro. 
Esto debería haber sido una buena noticia - estas fueron las palabras que habíamos estado esperando, el indulto que nunca realmente creímos posible. Aro había escuchado la verdad. Aro había admitido que la ley no se había roto.
Pero mis ojos se remacharon en Edward, y ví los músculos de su espalda tensarse. Repetí en mi cabeza la instrucción de Aro para Caius para reflexionar, y escuchar el doble sentido.
"¿Vas a presentarme a tu hija?" Aro pregunto a Edward de nuevo.
Caius no fue el único que bufó a esta nueva revelación. 
Edward asintió a regañadientes. Y, sin embargo, Renesmee se había ganado a tantos otros. Aro siempre parecía ser el líder de los antiguos. Si el estuviera de su lado, los otros podrían actuar en contra de nosotros? 
Aro todavía se apoderaba de la mano de Edward, respondió a una pregunta que el resto de nosotros no había oído.
"Creo que un compromiso sobre este punto es, sin duda, aceptable, en virtud de las circunstancias. Nos reuniremos en el centro." 
Aro liberó su mano. Edward volvió hacia nosotros, y Aro se le unió, lanzando un brazo casualmente en los hombro de Edward como si fueran los mejores los amigos-, manteniendo al mismo tiempo el contacto con la piel de Edward. Ellos comenzaron a cruzar el campo de nuevo a nuestro lado.
Todo el guardia cayó en el paso detrás de ellos. Aro levantó una mano por negligencia sin tener en cuenta. 
"Esperen, mis seres queridos. Verdaderamente, realmente no nos quieren hacer ningún daño si somos pacíficos". 
La guardia reaccionó a esto más abiertamente que antes, con gruñidos y siseos de protesta, pero sostuvo su posición. Renata, aferrándose más cerca de Aro que nunca, gimoteó en ansiedad. 
"Maestro", le susurró.
"No te asustes, mi amor", respondió. "Todo está bien."
"Tal vez usted debería llevar a algunos miembros de su guardia con nosotros," Edward sugirió. "Los hará sentirse mas cómodos" 
Aro asintió como si se trataba de una sabia observación que debería haber pensado el mismo. Él se chasqueó sus dedos dos veces. "Felix, Demetri."
Los dos vampiros estaban a su lado al instante, mirando con precisión como la vez pasada que yo los había encontrado. Demetri con fuerza y flaco como la lámina de una espada, Felix grande, pesado y amenazador como una porra de hierro claveteada.
Los cinco de ellos se detuvieron en el centro del campo cubierto de nieve.
"Bella", llamaó Edward. "Trae a Renesmee ... y unos amigos."
Tomé una respiración profunda. Mi cuerpo estaba apretado con la oposición. La idea de llevar a Renesmee al centro del conflicto... Pero yo confiaba en Edward. Él sabría si Aro estaba en planificación de cualquier traición en este momento.
Aro tenía tres protectores en su lado de la cumbre, por lo que iba a traer dos conmigo. Me tomó sólo un segundo para decidir.
"Jacob? Emmett?" Pregunté en silencio. Emmett, porque se estaría muriendo por ir. Jacob, porque él no sería capaz de soportar quedarse atrás.
Ambos asintiron. Emmett sonrió abiertamente.
Crucé el campo con ellos de acompañamiento. Escuché otros ruidos de la guardia, ya que vieron mis elecciones - claramente, no confiaban en el hombre lobo. Aro levantó su mano, agitando su protesta fuera de nuevo.
"Interesante compañía que mantienen", Demetri murmuró a Edward. 
Edward no respondió, pero un bajo gruñido se deslizó a través de los dientes de Jacob. 
Nos detuvimos a escasos metros de Aro. Edward salió de bajo del brazo de Aro y rápidamente se unió a nosotros, tomando mi mano. 
Por un momento nos enfrentamos unos a otros en silencio. A continuación, Felix me saludó en un bajo de lado. 
"Hola de nuevo, Bella". Él sonrió abiertamente arrogantemente mientras todavía siguiendo a Jacob en cada tirón con su visión periférica
Reí irónicamente al vampiro montañoso. "Hey, Felix".
Felix rió por lo bajo. "Te ves bien. La inmortalidad te queda"
"Muchas gracias". 
"Eres bienvenida. Es tan malo..." 
Él dejó su comentario calmarse en el silencio, pero yo no necesitaba el don de Edward para imaginar el final. Es demasiado malo que vayamos a matarte en un segundo.
"Sí, demasiado malo, ¿no?" Murmuré.
Felix guiñó. 
Aro no prestó atención a nuestro cambio. Él apoyó su cabeza a un lado, fascinado. "Yo escucho su extraño corazón", murmuró con un ritmo casi musical en sus palabras. "Huelo su extraño perfume" Entonces sus ojos nebulosos pasaron a mí. "En verdad joven Bella, la inmortalidad la vuelve mas extraordinaria" dijo. "Es como si estuviera diseñada para esta vida." 
Asentí una vez en reconocimiento de su adulación.
"¿Te ha gustado mi regalo?" preguntó, mirando el colgante que llevaba. 
"Es hermoso, y muy, muy generoso de usted. Gracias. Probablemente debería haber enviado una nota." 
Aro rió deleitado. "Es sólo un poco de algo que tenía por ahí. Pensé que podría complementar tu nuevo rostro, y lo que hace."
Oí un pequeño silbido del centro de la línea Volturi. Eché un vistazo sobre el hombro de Aro. ¡Um! Parecía que Jane no era feliz sobre el hecho de que Aro me haya dado un regalo. Aro aclaró su garganta para reclamar mi atención. "¿Puedo saludar a tu hija, hermosa Bella?" preguntó dulcemente.
Esto fue lo que habíamos esperado, me recordé a mí misma. La lucha contra el impulso de tomar Renesmee y huir con ella, caminané dos pasos lentos. Mi escudo onduló hacia afuera detrás de mí como un cabo, protegiendo el resto de mi familia mientras que Renesmee fue dejada expuesta. Se sentía mal, horrible. 
Aro se reunió con nosotros, su rostro radiante.
"Pero ella es exquisita", murmuró. "Así como tú y Edward." Y luego más fuerte, "Hola, Renesmee". 
Renesmee me miró rápidamente. Asentí. 
"Hola, Aro", respondió formalmente a su altura, alzando su timbre de voz. Los ojos de Aro parecían desconcertados.
"¿Qué es esto?" Caius siseó desde atrás. Él parecía enfurecido por la necesidad de preguntar.
"Mitad mortal, mitad inmortal," Aro le anunció y al resto de la guardia sin girar seguían cautivados con su mirada en Renesmee. "Concebida así, y llevada por esta recién nacida mientras ella seguía siendo humana."
"Imposible", Caius se burló. 
"¿Crees que me han engañado entonces, hermano?" Aro dijo con expresión muy divertida, pero Caius se estremeció. "Es el latido del corazón que se oye un engaño también?"
Caius frunció el ceño, mirando disgustado como si las preguntas apacibles de Aro hubieran sido golpes.
"Con calma y cuidado, hermano", advirtió Aro, todavía sonriendo a Renesmee. "Yo sé muy bien cómo amas la justicia, pero no hay una justicia que actúe en contra de esta único de su familia. Y tanto que aprender, tanto que aprender! Sé que no tienes mi entusiasmo por colectar historias, pero ser tolerante conmigo, hermano, mientras añado un capítulo que me atonta con su improbabilidad. ¡Vinimos esperando sólo justicia y la tristeza de amigos falsos, pero mira lo que hemos ganado en cambio! Un nuevo brillante conocimiento de nosotros mismos, de nuestras posibilidades".
Él ofreció su mano a Renesmee en invitación. Pero esto no era lo que ella quería. Ella se inclinó lejos de mí, estirandose hacia arriba, para tocar con las yemas de sus dedos la cara de Aro.
Aro no reaccionó con conmoción, como casi todos los demás habian reaccionado de esa manera al toque de Renesmee; el estaba tan acostumbrado a los flujos de pensamientos tanto como Edward. 
Su sonrisa se amplió, y suspiró con satisfacción. "Brillante", le susurró.
Renesmee se relajó de nuevo en mis brazos, su pequeña cara estaba muy seria.
"Por favor?" Le preguntó.
Su sonrisa se torno apacible. "Por supuesto no tengo ningún deseo de dañar a sus seres queridos, preciosa Renesmee".
La voz de Aro era tan consoladora y cariñosa, que me recogió durante un segundo. Y entonces oí los Edward dientes moler juntos y, lejos detrás de nosotros, El indignado silbido de Maggie ante la mentira. 
"Me pregunto," dijo cuidadosamente Aro, que parece ignorar la reacción ante sus palabras anteriores. Sus ojos se trasladaron inesperadamente a Jacob, y en lugar de la repugnancia con la que los demás Volturi miraban el lobo gigante, los ojos se llenaron con un anhelo que yo no comprendí.
"No funciona de esa manera," Edward dijo, la cuidadosa neutralidad abandonó de repente su tono áspero. 
"Sólo un pensamiento errante", dijo Aro, evaluando abiertamente a Jacob y, a continuación, sus ojos se trasladaron lentamente a través de las dos líneas de hombres lobos detrás de nosotros. Lo que sea que Renesmee le haya mostrado, hizo a los lobos de repente interesantes para él. 
"Ellos no nos pertenecen, Aro. Ellos no siguen nuestras órdenes así. Ellos están aquí porque ellos quieren estar. "
Jacob gruñó de manera amenazante
"Aunque ellos parecen estar bastante conectados contigo," dijo Aro. "Y tu joven pareja... y su familia. Lealtad" Su voz acariciaba suavemente la palabra.
"Ellos están comprometidos a proteger la vida humana, Aro. Eso hace que sean capaces de coexistir con nosotros, pero apenas con usted. A no ser que quieras repensar tu estilo de vida."
Aro se rió alegremente. "Sólo un pensamiento errante", repitió. "Tu bien sabes como es. Ninguno de nosotros puede totalmente controlar nuestros deseos subconscientes. " 
Edward hizo una mueca. "Realmente sé como es. Y también sé la diferencia entre aquella clase de pensamiento y la clase con un propósito detrás de él. Nunca podría funcionar, Aro".
La inmensa cabeza de Jacob se volvió en dirección a Edward, y un débil gimoteo se resbaló de entre sus dientes.
"Él está cautivado con la idea de ... perros guardianes," Edward murmuró atrás.
Hubo un segundo de silencio sepulcral, y luego el sonido de los gruñidos furiosos que se rasgaban de la manada entera que llenaba el claro gigantesco.
Hubo un fuerte ladrido de mando - de Sam, yo adiviné, aunque yo no me volví para ver - y la denuncia rompió en ominoso silencio.
"Supongo que las respuestas a esa pregunta," Aro dijo, riendo de nuevo. "Este lote ha escogido su lado."
Edward silbó y se apoyó hacia adelante. Agarre su brazo, preguntándome qué podría haber en los pensamientos de Aro que lo hacían reaccionar de manera violenta, mientras que Félix y Demetri se deslizaban a gachas en sincronización. Aro les indicó retirarse de nuevo. Todos ellos regresaron a su antigua postura, Edward incluído.
"Tanto que discutir", dijo Aro, su tono de repente fue el de un hombre de negocios. "Tanto que decidir. Si ustedes y sus protectores peludos me disculpan, mis queridos Cullen, debo consultar con mis hermanos." 
Blog Widget by LinkWithin