miércoles, 29 de septiembre de 2010

Noche Eterna Cap.2 El Desastre

El desastre

—Te quiero— Dijo Bella mientras cambiaba de posición en su pequeña cama.
—Duerme amor— Le dije besando su frente, tan sedosa, tan cálida y delicada. Mañana sería el gran día.
Volví para verla por última vez y dando un suspiro salte por su ventana. No lograba acostumbrarme a estar lejos de ella. Corrí por el espeso y oscuro bosque. Que después de todo, no era tan oscuro para mi y como de costumbre no tarde en llegar a casa.
Pude escuchar las voces familiares de mis hermanos que habían vuelto de su viaje.
—Nada mejor que un gran león para levantar el espíritu, de verdad Jasper, deberías probarlo—.
—Claro Emmett, lo que tu digas—. Le contestaba Jasper riendo alegremente.
—Heeey, bienvenidos hermanos—. Les dije caminando hacia ellos con los brazos abiertos.
Las imágenes pasaban en su mente como en un álbum fotográfico.
—Veo que lo han pasado genial estos últimos meses—
—Si es verdad, pero nada se compara con la familia—. Me contestó Emmett.
—Es bueno estar de vuelta—. Decía Rosalie mientras me abrazaba. —Lo siento Edward he sido una tonta, de verdad los he extrañado—
—Es bueno tenerlos de vuelta—. Le dije cariñosamente.
—Te prometo que tratare…—
Sabía que eso ya era mucho para ella, sabía que era sincera y lo mucho que le costaba decir aquellas palabras.
—Y…. ¿todo listo para mañana? — Preguntó Emmett.
—Casi, solo faltan algunos detalles— Decía Alice en medio de una gran sonrisa. Estaba haciendo todo lo posible por controlarse con respecto a este tema.
—Esperemos que quiera asistir la festejada—. Les dije haciendo una mueca.


—No te preocupes, si es necesario la traeré amarrada—
—Aquello no me haría mucha gracia—. Le dije secamente.
Pero Alice sacó su pequeña lengua y se fue tras Esme.
Después todos volvimos a nuestras actividades. Yo debía preparar mi presente para Bella. Me había obligado a prometer que no le compraría nada. Pues bien, no le compraría nada.
—o—
Podía escuchar perfectamente el sonido de su viejo monovolumen. Seguramente estaba a menos de dos cuadras del Instituto. Alice se encontraba junto a mi, había insistido en saludar a Bella a primera hora del día.
Lentamente ingresó al aparcamiento. Contuve mis ganas de ir por ella al coche, seguramente no se encontraría de muy buen humor y el portazo que dio a su auto me lo confirmó.
Claro que no pude controlar a Alice, dando un salto se adelantó para recibirla.
— ¡Feliz cumpleaños, Bella!— Le dijo alegremente.
Como lo había previsto ella no se encontraba de buen humor, pero Alice seguía precionándola. Ya la podía ver explotando en cualquier momento. Le preguntaba por los regalos, que le habían parecido y todo eso.
Estiré mi mano para recibir la suya. Sus latidos nuevamente se aceleraban mientras levantaba su cabeza para encontrarse con mis ojos. Con mi pulgar sostuve su barbilla, acariciando con el índice sus rosados y suaves labios.
—Así que, tal y como me impusiste en su momento, no me permites que te felicite por tu cumpleaños, ¿correcto? — Realmente no era una pregunta, ya sabía su respuesta.
—Sí, correcto — Agregó un tanto molesta.
—Sólo me estaba asegurando — Dije con resignación mirando el cielo. —Podrías haber cambiado de idea. La mayoría de la gente disfruta con cosas como los cumpleaños y los regalos—.
Alice fue la única que encontró divertidas mis palabras. Creía que Bella verdaderamente disfrutaría este día con todas las sorpresas que le tenía preparadas. Al fin de cuentas ¿Qué podría ocurrir de malo?
Pero la preocupación de Bella no era ser mayor, lo que temía era ser mayor que yo. Aunque eso fuera imposible, ya que sus 18 años no eran nada en comparación con mis casi noventa años de existencia.
— ¿A qué hora vendrás a casa? — Le preguntó Alice de pronto. “Maldición Alice”, pensé. Quería tratar de convencerla antes, no llegar y soltar la bomba a primera hora, pero con Alice todo era de esa manera. Siempre a su modo y a su tiempo.
—No sabía que tuviera que ir allí—
Sería un verdadera lastima que se encaprichara y no quisiera asistir a su propia fiesta de cumpleaños.
— ¡Oh, por favor, Bella, no te pongas difícil! No nos irás a arruinar toda la diversión poniendo esa cara, ¿verdad? — Le reprochaba mi hermana.
—Creía que mi cumpleaños era para tener lo que “Yooo deseara”—. Dijo poniendo cara de pocos amigos.
Ignoré sus comentarios y le aseguré a Alice que la llevaría después de clases. Claro que Bella no dejaría la batalla tan pronto y argumentó que debía trabajar esa tarde. No sabía que Alice ya había hablado con la señora Newton y esta le había dado la tarde libre.
—Pero.., pero es que no puedo dejarlo —. Tartamudeo graciosamente. Parecía un gatito acorralado. —Lo cierto es que, bueno, todavía no he visto Romeo y Julieta para la clase de Literatura—
Alice ya comenzaba a impacientarse con la actitud de Bella. Le recordó que ya se sabía la obra de memoria, pero Bella no se daba por vencida ¿Verdaderamente creía que ganaría sobre este tema? Dijo que debía ver la película, cuando ya todos sabíamos que también la había visto… ¿Unas diez veces? No esta seguro de cuantas veces la había visto en realidad, pero sabía que eran bastantes.
—Pero si ya has visto la película — Le dijo ahora molesta Alice.
—No en la versión de los sesenta. El señor Berty aseguró que era la mejor—.
—Mira, puedes ponértelo difícil o fácil, tú verás, pero de un modo u otro... —
Wowwww, eso era completamente innecesario de parte de mi hermanita pequeña. Amablemente le pedí que se tranquilizara y que si ella quería ver la película, la vería ya que era su cumpleaños…
—Así es — Dijo Bella moviendo su dedo índice rápidamente a Alice.
—… y la llevaré después de las siete, así tendrás mas tiempo para preparar lo que falta—
Alice rompió a reír muy animada y alegre por mi intervención.
Se despidio, no sin antes prometerle a Bella lo bien que lo pasaría. Le pellizcó tiernamente la mejilla y salió corriendo lo mas humanamente que le fue posible.
—Edward, por favor... — Comenzó a decir Bella.
Puse mis dedos sobre sus exquisitos labios. No estaba dispuesto a comenzar de nuevo.
—Shhhhh, ya lo discutiremos luego Bella. Vamos a llegar tarde a clase—



—o—


Ese fue otro día más en el instituto. Claro que era infinitamente mejor que el año pasado a esa misma fecha. Ahora compartíamos la mayoría de nuestras clases. Y era increíblemente mas llevadera la monotonía de las asignaturas.
Mike Newton aún no perdía sus esperanzas. Al parecer su madre había sido lo suficientemente discreta al no infórmale sobre cumpleaños de Bella. Seguramente habría sido la escusa perfecta para que pudiera poner sus manos sobre ella.
Sin duda ese semestre nos encontrábamos más “integrados” a la comunidad escolar, pero los humanos seguían manteniendo una instintiva y razonable distancia de nosotros.
Como de costumbre la acompañe hasta su coche cuando terminaron las clases. Le abrí la puerta del copiloto pero se cruzo obstinadamente de brazos bajo la lluvia que caía copiosamente.
— ¿Es mi cumpleaños y ni siquiera puedo conducir? —
—Me comporto de la forma que tu pediste Bella, como si no fuera tu cumpleaños—
—Bueno si no es mi cumpleaños, no tengo porque ir a tu casa esta noche... —
—Muy bien —. Le dije dando la vuelta coche para abrirle la puerta del conductor. —Feliz cumpleaños— Le dije entre dientes.
—Calla — Me dijo mientras ingresaba al coche.
Verdaderamente se encontraba de muy mal humor, pero era tan divertido mirarla. Aferraba el volante con todas sus fuerzas y con regularidad resoplaba por la nariz.
—Tu radio se oye fatal— Le dije presionando un poco más su animo. Dentro de poco tendría una sorpresa.
— ¿Quieres un estéreo que funcione bien? Pues conduce tu propio coche —.  Me respondió sin mirarme.
Tuve que recurrir a toda mi fuerza de voluntad para contener la risa que me causaba contemplarla en ese estado.
Cuando por fin, por fin logramos llegar a su casa, tome cuidadosamente su rostro entre mis manos, acariciando lenta y suavemente su rostro. Su frente, sus pómulos, el contorno de sus labios y la línea de su mandíbula.
—Deberías estar de un humor estupendo, hoy más que nunca — Dije susurrándole al oído.
Y ahí estaba otra vez… el deseo quemando mi cuerpo.
— ¿Y si no quiero estar de buen humor? — Dijo entrecortadamente.
Nada me provocaba más que comprobar que ella me deseaba de igual manera. Bueno no exactamente igual, yo la desearía siempre de una forma mucho más peligrosa para ella.
Le mire a los ojos, sus pupilas estaban dilatadas y sus labios entre abierto por donde se colaba su esencia.
—Pues muy mal— Le dije acercando mi cuerpo hasta el suyo.
Con mi mano izquierda tome su cuerpo por la cintura, apretándola contra el mío. Mi mano derecha acariciaba su nuca al mismo tiempo que me acercaba lentamente para besar sus labios. Bella respiraba en mi boca casi jadeando. No pude evitar estremecerme. No podía evitar desearla como lo hacía. ¿Cuánto tiempo podría mantener aquella desesperante situación? Todo mi cuerpo gritaba por poseerla, por perderme entre sus cálidos brazos.
Bella levantó sus brazos enroscando uno en mi cuello mientras su mano libre acariciaba impetuosamente mi espalda. Comenzó a besarme apasionadamente. Podía sentir como trataba de aferrarse aún más a mi cuerpo… Como si eso fuera posible. Me sentía mareado y extasiado. Debía detenerme ahora que aún podía hacerlo.
Recordé que este no sería su último cumpleaños como humana. Me obligué firmemente a separarme de su boca.
—Pórtate bien…por favor — Le dije jadeando contra su mejilla. El cuerpo de Bella parecía una estufa, sus labios habían adquirido un exquisito y sensual color rojo intenso.
Rápidamente me separe completamente de ella. Podía leer en su rostro la frustración que le producía mi comportamiento. Odiaba verla insatisfecha. ¿Cuanto más podríamos aguantar de esta manera? Para mi las cosas no eran mas fáciles que para ella. Yo siempre debía batallar contra dos tipos de deseo. El de mi cuerpo y el de mi sed. Siempre iguales, siempre terribles.
— ¿Crees que esto mejorará algún día? — Me preguntó.
Pero de una cosa estaba seguro, mi deseo por ella nunca podría ser saciado. No si quería que ella siguiera con vida.
—Anda, vamos a ver cómo los Capuletos y los Montescos se destrozan unos a otros, ¿Quieres? — Le dije mientras abría la puerta del coche y saltaba fuera para llenar mis pulmones de aire puro.

—o—
“¡Ah! Más peligro hay en tus ojos que en veinte espadas suyas. Mírame con dulzura y quedo a salvo de su hostilidad”
Recitaba suavemente en su oído. Su corazón latía rápidamente mientras se olvidaba de respirar. Cuando terminó la película, Bella se encontraba emocionada hasta las lágrimas. Las sequé con un mechón de su cabello, mientras le confesaba la envidia que despertaba en mi Romeo.
—Ella es muy guapa—
—Lo que envidio de el no es Julieta. Envidio su facilidad para suicidarse. Para ustedes, los humanos son muy fáciles. Solo tienen que tomar un extracto de plantas…
— ¿Qué? — Dijo Bella ahogando un repentino grito.
— Bueno es algo que tuve que pensar una vez. Se, por lo que me ha contado mi padre, que no es muy sencillo para nosotros. Cuando Carlisle comprendió en lo que se había convertido, decidió terminar con su existencia antes de hacer algún tipo de mal. Lo intentó de muchas y diferentes maneras, pero todas fueron inútiles. Y no cabe duda de que sigue con una salud excelente—.
— ¿De qué estás hablando? ¿Qué quieres decir con eso de que tuviste que pensarlo una vez? —
—La primavera pasada, cuando tú casi... casi te mataron... — Trate de continuar, ocultando el súbito dolor que me provocó recordar lo sucedido. —Claro que estaba concentrado en encontrarte con vida, pero una parte de mi mente estaba elaborando un plan de emergencia por si las cosas no salían bien. Y como te decía, no es tan fácil para mí como para un humano—.
Bella sacudió su cabeza al mismo tiempo que dejaba de acariciar la cicatriz que le había dejado aquella experiencia.
— ¿Un plan de emergencia? —.
—Simplemente no estaba dispuesto a vivir sin ti— Le dije moviendo lentamente mi cabeza de lado a lado. —Aunque no estaba seguro sobre cómo hacerlo. Tenía claro que ni Emmett ni Jasper me ayudarían..., así que pensé que lo mejor sería marcharme a Italia y hacer algo que molestara a los Vulturis—.
Era la primera vez que pronunciaba aquel nombre delante de ella. Yo no los conocía personalmente, nunca había estado en Italia. Solo sabía lo que nos había contado mi padre sobre aquella corte.
— ¿Qué es un Vulturis? —.
—Son una familia —. Bueno, no exactamente, pero no era necesario entregarle mas detalles… Por ahora… —Una familia muy antigua y muy poderosa de nuestra clase. Es lo más cercano que hay en nuestro mundo a la realeza, supongo. Carlisle vivió con ellos algún tiempo durante sus primeros años, en Italia, antes de venir a América. ¿No recuerdas la historia?
—Claro que me acuerdo—
Ellos no compartían nuestra forma de vida. La encontraban excéntrica, por llamarla de alguna manera. Sin conocerlos personalmente me había formado una idea sobre ellos. Al parecer eran criaturas sombrías que veían a los humanos como una simple fuente de alimento. Jamás se habían tomado la molestia de interactuar con ellos para poder comprender lo complejos y fascinantes que podían llegar a ser.
Aquel que osaba desobedecer sus mandatos, no vivía para contarlo. Y siempre, siempre tenían lo que querían, contaban con toda la eternidad para lograrlo de una u otra manera.
—De cualquier modo, lo mejor es no irritar a los Vulturis — Le dije ahorrándome el resto. —No a menos que desees morir, o lo que sea que nosotros hagamos —
Los ojos de Bella parecían dos platos, se pronto se había puesto mas pálida que de costumbre. Con una fiereza que me hizo estremecer, tomo mi rostro entre sus manos y me dijo:
— ¡Nunca, escuchaste, nunca vuelvas a pensar en eso otra vez! ¡No importa lo que me ocurra, no te permito que te hagas daño a ti mismo! —
—No te volveré a poner en peligro jamás, así que eso es un punto indiscutible— Mi resolución era inamovible. Haría cualquier cosa con tal de evitarlo, pagaría cualquier precio.
— ¡Ponerme en peligro! ¿Pero no estábamos de acuerdo en que toda la mala suerte es cosa mía? — Dijo aquello casi gritando. Me recriminaba por pensar en ello.
— ¿Qué harías tú si las cosas sucedieran a la inversa? — Le pregunté tratando de defender mi punto de vista.
Aquello era algo que venía postergando. Todas la noches mientras la veía dormir trataba de imaginar mi vida junto a ella. Año tras año, amando cada cambio que surgiera en su fisonomía humana. Contemplándola madurar, crecer. La idea de privarla de una vida normal me quemaba el corazón, pero por otro lado no podía ver el futuro sin ella. Ahora era la única razón para mi existencia.
—No es lo mismo— Me dijo molesta.
Claro que no era lo mismo. Su naturaleza le permitiría olvidar fácilmente. En cambio yo, tendría que vivir década tras década. Siglo tras siglo recordándola nítidamente, sufriendo todos los días como si fueran el primero sin ella. Aquello me hizo reír amargamente. Nunca sería lo mismo.
— ¿Y qué pasa si te ocurre algo, querrías que me suicidara?
Aquello tampoco me entregaba consuelo. No podía soportar aquellas dos ideas. Una era peor que la otra, pero no sabía identificar cual.
—Creo que veo un poco por dónde vas... sólo un poco, pero ¿qué haría sin ti? —No era una pregunta realmente. Sabía perfectamente la respuesta. Mi vida sin ella sería un eterno bagar en el desierto de la vida. Soñando con ella como un sediento sueña con un manantial. ¿Cuanto podría vivir sin sumergirme en la total y completa locura?
—Cualquier cosa de las que hicieras antes de que yo apareciera para complicarte la vida—
—Tal como lo dices, suena fácil—
Pero ella insistía en que así era. Claro que no compartía su punto de vista. Solo desolación y tristeza infinita tendría el día en que ella dejara de existir.
Su padre estaba llegando a casa y no tardaría en entrar por la puerta.


—o—

Conduje lo mas rápido que me fue posible. Después que Bella y Charlie cenaron le pedí autorización a su padre para llevarla a casa de mis padre. Al parecer fue una muy buena idea para el, ya que estaría todo lo que quedaba de tarde viendo un partido por la televisión.
— ¿Sabes qué te gustaría un montón? — Le dije feliz con la idea. —Un precioso y pequeño Audi Coupé. Apenas hace ruido y tiene mucha potencia... —
—No hay nada en mi coche que me desagrade. Y hablando de caprichos caros, si supieras lo que te conviene, no te gastarías nada en regalos de cumpleaños—. Me dijo con su mejor voz amenazante.
—Ni un centavo — Le prometí.
—Muy bien—
Le pedí que fuera tolerante sobre su cumpleaños. Toda la familia estaba muy emocionada al respecto. No habíamos tenido un cumpleaños en muchos, muchos años. El último había sido el de Emmett en 1935.
—Vale, me comportaré— Me dijo cambiando de tono.
Le advertí que “toda” la familia estaría reunida. Su cara cambio drásticamente. Le asegure que Rosalie se comportaría, que no tenía de que preocuparse.
—Así que, si no me dejas regalarte el Audi, ¿no hay nada que quieras por tu cumpleaños? — Le dije tratando de cambiar de tema. Prefería verla enojada que asustada.
—Ya sabes lo que quiero— Me dijo en un susurro sin mirarme. De pronto el molesto era yo.
— Por favor Bella, esta noche no. —
—Bueno, quizás Alice pueda darme lo que quiero—
La sola idea golpeó fuertemente en mi cabeza. No pude evitar gruñir de rabia. Ya estábamos llegando a casa y le advertí que este no sería su último cumpleaños.
— ¡Eso no es justo! —
Apreté mis afilados dientes, sentía la rabia hirviendo en mis venas. Claro que Alice no hacía que las cosas mejoraran. Bella dejo escapar un gemido mientras ingresábamos por el pequeño camino, que se encontraba enmarcado por pequeños faroles.
Trate de tranquilizarme, concentrándome en inhalar y exhalar. Le recordé que aquello era una fiesta y que intentara ser comprensiva.
Una vez estacionado el “coche” me dispuse a abrir su puerta.
—Tengo una pregunta— Me dijo mientras extendía mi mano hacia ella. —Si revelo esta película ¿aparecerás en las fotos? —.
Reí por su tonto comentario. Siempre me causaban risa los mitos sobre los vampiros. Existían tantos, tan variados y uno mas ridículo que el otro.
La tomé de la mano y la conduje hacia el salón. «¡Feliz cumpleaños, Bella!», dijeron todos a coro. Alice había echo un delicado trabajo con la decoración. Era simplemente de muy buen gusto. Simple pero muy elegante.
“Te gusta, cierto”. Me decía mi hermanita en su voz mental. Técnicamente no era una pregunta, solo era una confirmación. Moví mi cabeza, afirmando.
El cuerpo de Bella se estremeció levemente mientras recorría con la vista la amplitud del salón. Había tantas cosas, tantos detalles. La tome por la cintura y besé su cabeza tratando de tranquilizarla un poco.
Cuando sus latidos se normalizaron un poco mis padres se adelantaron para felicitarla. Esme, cariñosamente la beso en la frente.
—Felicidades cariño—. Le dijo. Mi padre le dio un abrazo mientras le pedía disculpas en un susurro por no poder contener a Alice.
Después vino el turno de Rosalie y Emmett. Bueno, solo de Emmett. Rosalie no se acercó a ella, pero agradecí que tampoco le ladrara.
—No has cambiado en nada — Le dijo Emmett juguetonamente. — Esperaba alguna diferencia perceptible, pero aquí estás, con la cara colorada como siempre—
La cara de Bella adquirió un tomo aún más rojo del que ya tenía mientras le agradecía sus comentarios.
—He de salir un minuto — Dijo Emmett guiñándole un ojo a Alice. —No hagas nada divertido en mi ausencia.
—Lo intentaré— Le dijo Bella bajando la mirada.
Alice, que se encontraba al otro lado de la sala, se acercó a ella de un salto. Jasper tampoco se acercó. Aún se sentía inseguro sobre la presencia de Bella. No molesto, solo inseguro.
Una vez a su lado, Alice decidió que ya era hora de abrir los regalos. La tomó por el codo y la condujo hacia las mesas donde se encontraba un enorme pastel rosado y los regalos.
Bella puso su mejor cara de mártir mientras le recordaba que había pedido nada de regalos, pero ella la interrumpió para decirle que no le había escuchado y que debía abrirlos de todas formas.
Realmente era muy gracioso de observar, cada una muy obstinada a su manera. Era muy fácil el ver por que eran tan buenas amigas.
No pude evitar retorcerme un poco con la imagen.
Le entregó el primer obsequio. Luego que rompió el envoltorio miró detenidamente la caja. Seguramente no podría adivinar de que se trataba. La abrió pero el interior estaba vació.
—Mmm... Gracias—
Todos nos reímos de su expresión y de su respuesta.
—Es un estéreo para tu coche — Le dijo Alice. —Emmett lo está instalando ahora mismo para que no puedas devolverlo—
Aquello había sido por sugerencia mía. Ya podía verla tratando de hacerlo.
Agradeció a todos el regalo, nombrándolos uno por uno. —Gracias, Emmett — Dijo en un tono mas alto. Emmett la escucho fácilmente y pudimos oír como se reía.
Llegó el turno de abrir el regalo de Alice y mío. Bella me lanzo una fiera mirada, mientras me recriminaba por faltar a mi promesa.
En ese momento volvió Emmett.
— ¡Justo a tiempo! — Dijo mientras se situaba detrás de Jasper que se había acercado para ver mejor.
Yo también me acerque a ella mientras le decía que no me había gastado un solo peso. Sobre su cara caía coquetamente un mechón de cabello, lo aparte mientras acariciaba su rostro suavemente.
Se volteo hacia Alice y le pidió la pequeña y cuadrada caja en medio de un suspiro resignado. Todos volvimos a reír.
Solo un segundo bastó para que toda aquella alegría se evaporara en menos de un parpadeo humano.
— ¡Maldita sea! — Dijo Bella entre dientes. Alzaba su mano para examinar su dedo mientras de el salía un pequeña gota de sangre. Casi al instante la atmósfera se cargo completamente con el intenso perfume de su sangre.
La primavera pasada había sido muy parecido, solo que en aquella oportunidad todos estábamos completamente enfocados en protegerla y salvarla.
Pero ahora era muy distinto. Y solo eso basto para desatar la siempre inestable sed de Jasper.
Pude ver en sus pensamientos el monstruo que dormía dentro de el.
— ¡No! — Dije en un rugido, al mismo tiempo en que me arrojaba frente a ella, interponiéndome entre su cuerpo y el de Jasper, solo un segundo antes que este lograra alcanzarla. Nuestro choque fue como el de dos grandes rocas. Jasper salió repelido por mi cuerpo y se agazapo unos metros delante de mí. Estaba listo para atacar nuevamente. Estaba listo para atacarme. Utilizando todas sus fuerzas trato de hacerme a un lado mientras yo cortaba su avance hacia Bella.
Ella y Alice habían caído sobre la mesa donde estaba el pastel. Seguramente se había echo daño pero lo mas importante es ese momento era evitar que Jasper la alcanzara.
Podía ver en sus ojos el descontrol. Nada le importaba, solo el olor, el sabor de su sangre en su garganta. La imagen de su sed hacía eco en mi mente y en mi sed, pero Bella era solo mía. No dejaría que el terminara con ella.
Los dientes de Jasper estuvieron muy cerca de mi rostro, solo a unos cuantos centímetros.
Emmett lo agarró por el cuello, jalando fuertemente, utilizando toda su fuerza, pero Jasper peleaba desesperadamente contra su agarre.
Voltee para comprobar el estado de Bella. Había caído con los brazos extendidos sobre un montón de cristales rotos. Trató de levantarse y en ese momento el aroma a su grande golpeo mi cuerpo como el primer día en el Instituto. Pude escuchar la conmoción mental que esto generó en el resto de mi familia.
Lance un fiero y gutural gruñido. Advirtiendo, amenazando, aquel que osara acercarse pagaría las consecuencias.




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Cap. 3 La Decisión


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