martes, 8 de febrero de 2011

Conflicto Eterno: Cap. 12 El Final del Día


Cap. 12 El final del día

El reloj marcó la hora de mi retirada.
No tenia la intención de alejarme de ella, pero debía aparentar que me marchaba, debía llevar mi coche a casa.
Me despedí sintiéndome intranquilo, nervioso. No tendría paz hasta volver a tenerle a menos de medio metro de mi cuerpo.

Me disponía a encender el coche cuando la puerta del copiloto se abrió y medio segundo después estaba sentada junto a mi hermanita completamente mojada.

—Te he traído algo de ropa seca—. Dijo en medio de una gran sonrisa. —No creo que quieras pasar la noche con la ropa mojada junto a Bella.
Seguro que no le hará mucha gracia que le mojes la cama—.

—¿A que te refieres si no estoy mojado?—. Respondí confuso.

—Pero lo estarás tontito cuando entres por su ventana en unos…. 30 minutos más—.

Afuera llovía copiosamente y comprendí que Alice pretendía llevarse mi coche mientras yo hacia la ronda.

—Emmett esta por los alrededores, te hará compañía mientras esperas—.

—Eres un genio—. Le dije mientras le alborotaba el cabello.

Tomé la mochila y salí rápidamente del coche para que ella fuera a casa.

Busqué la voz mental de mi hermano y la localicé sin dificultad.
Se encontraba a unos cuantos kilómetros, cerca del territorio Quileute. Estaba entusiasmado con toda esta confusa situación.

Y Alice acertó una vez más.
Treinta minutos después trepé por la ventana de Bella completamente empapado.

—Por todos los cielos Edward—. Exclamó cuando me vio. —Sécate antes que…—.

—¿Antes que me resfríe? Eso es imposible y lo sabes—.

—Tienes razón pero de todas maneras deja que traiga una toalla—.

—Si eso te hace sentir mejor—.

Luego de unos segundos estuvo de vuelta con un para de toallas azules.

Debajo de mis pies se había formado un pequeño charco de agua que estilaba por mi cuerpo.

Bella me miró nerviosa un momento antes de acercarse a mi.

—Deja que te ayude con eso—. Dijo mientras comenzaba de soltar los botones de mi camisa.

Evitó mi mirada como si la simple tarea necesitase de toda su atención y concentración.
Uno por uno los fue liberando de abajo hacia arriba, mi cuerpo estaba completamente rígido, mis brazos caían a cada lado de mi cuerpo mientras respiraba la fragancia que emitía su cabello.

—No es necesario que lo hagas—. Expresé con la voz repentinamente ronca por el deseo.

—Pretendo abrazarte antes de dormir y prefiero que estés secó si no es mucho pedir—.

—Tienes razón, ya demasiado tienes que soportar con mi cuerpo frió para además tener que soportar tambien mis ropas mojadas—.

—No seas absurdo—. Agregó mientras el último botón cedía y levantó su rostro hacia el mío al mismo tiempo que sus manos hacían contacto con mi piel desnuda.

Entonces sentí el golpe eléctrico de su calor.
Deslizó lentamente mi camisa hasta que esta cayó al suelo.

—Bella… esta no es una buena idea—. Aseguré mientras cerraba mis ojos demasiado turbado por las sensaciones en mi cuerpo.

Inevitablemente mis brazos se cerraron en tormo a su figura, inevitablemente busque sus labios y le besé lento y suave en un comienzo pero más candentes a medida que me dejaba arrastrar con el deseo.
Como me fue posible me separé de ella jadeante.
Era necesario que me alejara un momento para poder pensar con claridad.

Sabía que en cuanto comenzara a besarla nuevamente, sería imposible para mi detenerme.
Todo mi ser la anhelaba inmensurablemente, incontrolablemente.
No podía empezar algo que estaba seguro que no podría detener.
Sabia que mis labios buscarían más que sus labios.
Sabia que mis manos no pararían en sus hombros, que mi cuerpo reaccionaría a sus caricias hasta fundir mis defensas y mi autocontrol.
Simplemente no podía permitir que eso sucediera, aun y cuando era lo único que deseaba en ese momento y que seguramente querría por siempre.

—Bella esto no esta bien.
Ahora menos que nunca con el peligro acechando por ti.
Yo necesito… necesito mi claridad y tu no necesitas buscar tu muerte ahora, aquí, conmigo—.

—D..is.. culpa—. Dijo avergonzada.

—No quiero hacerte sentir mal, no quiero que sufras. Ya demasiado estrés tienes en estos momentos.—

Entonces se alejó de mi dándome la espalda, momento que aproveche para cambiar mis ropas tan rápidamente que ella no tuvo tiempo de darse cuenta.
Le tomé en mis brazos, le llevé a su cama y le acuné tiernamente.

Odiaba negarle cualquier cosa que ella quisiera pero yo no podía tomarla ahí, no era la forma en que me había imaginado nuestra primera vez.
Quería que la recordara por el resto de nuestra existencia y quería que fuéramos iguales, marido y mujer por siempre.

—No sufras mi Bella.
Nuestro tiempo llegará te lo prometo.
Mientras tanto duerme mi amor, duerme mi vida—.

—Esta bien—. Respondió besando mi cuello. —Esperaré, pero bésame otra vez y luego te prometo que dormiré—.

Era simplemente irresistible.
Su corazón se detuvo cuando nuestros labios se encontraron y pensé que de todas sus reacciones humanas aquella sería la que más extrañaría.

La estreché un poco más a Bella en mis brazos hasta que se durmió mientras tarareaba su nana para ella.

Habían sido demasiadas emociones por ese día.

Esa noche una y otra vez repasé la teoría de Esme en mi mente, carecía de total sentido para mi.
Sin embargo no había otra explicación.

¿Podría ser posible un extraño se acercara a su casa impulsado por la curiosidad que despertaba nuestro olor?

¿Y si ha sido porque no fue al Instituto?

“—¡Sin novedad en el frente!—” Anunciaba Emmett sacándome de mis cavilaciones.

Entonces me acerqué a la ventana tratando de verle.
Por lo menos él se divertía.
Agradecí la efusiva ayuda que me prestó esa noche realizando la guardia.

Fuera quien fuera solo quedaba esperar que no volviera a sentirse interesado nuevamente y si así lo hacia debería dejarle claro que no era bienvenido en estos lugares.
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