miércoles, 26 de enero de 2011

Conflicto Eterno: Cap. 1 Las postulaciones


Aqui comienza el fanfic de Alexa Cullen, el cual es la versión de Eclipse narrada por Edward Cullen.

Conflicto Eterno
"Sólo el amor logrará la alianza"
Alexa Cullen FanFic

Cap.1 Las Postulaciones

Otra típica, monótona e interminable tarde.
La lluvia se dejaba caer sobre la ciudad, mientras miraba por la ventana imaginándola en las formas que dibujaban las gotas de agua mientras bajaban por el cristal.

Esme, Carlisle, Jasper y Alice estaban de caza y no regresarían en un par de días.
Alice se dedicaba por completo a vigilar nuestro futuro y el de Bella, buscando siempre alguna amenaza.
Me había prometido que nada pasaría ese fin de semana y que podíamos estar tranquilos hasta su regreso.

Me sentía confiado sobre sus visiones, como nunca lo había estado antes.
Sabía ahora, que en ella siempre podría confiar. Desde nuestra aventura en Italia estábamos más unidos que nunca.
Jasper también había cambiado.
Al parecer el profundo temor de perder a Alice había obrado en el un gran cambio interior, y yo estaba complacido que por fin ocurriera.
Podría sentirme tranquilo cuando Bella pasara por nuestra casa.
No era que pasara mucho tiempo por aquí.
La ultima vez que ella puso un pie en casa de mis padre fue aquella madrugada cuando resolvieron todo el famoso asunto de su transformación y todo por culpa de su supuesto amigo.

El castigo impuesto por su padre solo me afectaba en gran medida a mi. Alice era libre de ir y venir de casa de Bella cuantas veces quisiera.
Pero de todas maneras mi hermana también quería que terminara pronto el castigo impuesto por su padre.


En esos momentos Emmett se encontraba frente al televisor disfrutando de un juego de Béisbol y alegremente no paraba de aplaudir cada vez que su equipo favorito anotaba una carrera.
Rosalie estaba demasiado ocupada para que sus grito la molestaran. Peinaba por décima vez en lo transcurrido del día sus largos cabellos, muy complacida por el brillo que este tenía.

Por mi parte aquella no era mas que otra tarde aburrida.
Charlie había intensificado el castigo anterior que ya pesaba sobre la cabeza de Bella y ahora solo se me permitían visitas de siete de la tarde a nueve y media.
Claro que nos veíamos a diario en el instituto pero simplemente no era suficiente.
Estábamos resignados, ambos por igual, a cumplir el castigo impuesto sin decir palabra alguna de disgusto.

Solo el ir al correo esta mañana había roto el esquema del día.
Los plazos para las postulaciones a las universidades ya estaban por vencer y aun no teníamos claro donde estudiaría Bella.
Ella se negaba a tomar enserio mis palabras y argumentaba que no debíamos dedicar tanto tiempo y esfuerzo a algo que jamás se concretaría.
Seguía tercamente empecinada en que su transformación fuera después de la graduación, pero no me daría por vencido tan fácilmente.

Hoy debía retirar mas formularios del correo y enviar otros a diferentes lugares.
No seria difícil ingresar a cualquier universidad que yo quisiera, con mis altas calificaciones aquello de las postulaciones era solo un tramite para mi y hoy había recibido respuesta Universidad del Sudeste de Alaska.

“Agradecemos el aporte que tan generosamente envió.
Aunque aun no nos conformamos con que se negara a que la nueva biblioteca llevara su nombre.
Le pedimos que si cambia de parecer nos lo haga saber”.

Pero supongo que a Bella no le gustaría pasar las tardes estudiando en la Biblioteca Cullen.
Sin duda que habría sido extraños, aun para mi.

“Con respecto a la Señorita Swan, se ha hecho también una excepción con los plazos, pero sepa usted que esta es la única y primera vez que nuestra distinguida casa de estudio hace este tipo de excepciones.
Además le recordamos que dicha excepción no guarda relación alguna con su generoso aporte.
Solo queremos que dicho asunto este completamente claro para evitar malos entendidos.
Una vez aclarado esto no nos queda nada mas que darle la bienvenida”

Y aunque no estaba conforme con la decisión de estudiar el Alaska, supongo que esa opción era mejor que ninguna.
Habían muchas cosas que tenía en pro y en contra la alejada y distante Universidad, y sabia que el estudiar ahí era como aceptar su sentencia.
Pero yo tenía otros planes en mente.

Además tenía otro problema entre manos.
Dos veces por día y siempre sin tener señal, hacíamos un registro minucioso de todos los alrededores. Siempre pendientes de algún indicio , de algún rastro que nos indicara la presencia de Victoria.
Nuestro exhaustivo reconocimiento nos llevaba muy cerca de la línea del tratado.
Estábamos plenamente consientes de no acercarnos demasiado, lo hacíamos solo un poco, solo para cerciorarnos que Victoria no hubiera pasado por ahí.
Pero al percibir el hedor de los licantropos retrocedíamos lentamente. No era prudente forzar la situación más de la cuenta.
Las cosas habían quedado muy claras la última vez.

Creí que tal vez, la traición por parte de Jacob Black haría mella en su relación, pero solo había sido un tonto al pensar algo así.
Me irritaba de sobre manera que Bella no comprendiera que su amigo se había convertido en una criatura peligrosa. No podía comprender como ella quería estar cerca de esas criaturas hediondas e inestables.

Medí a Jacob Black como mi oponente en todo los sentidos imaginables.
Mis capacidades físicas estaban muy por encima de el, en un enfrentamiento yo saldría airoso sin dudarlo.
También lo medí como mi contrincante por los afectos de Bella, pero despache rápidamente esas entupidas ideas.
Solo un ser sobrenatural llenaba su corazón y ese era yo.

Pero aun sabiendo todo eso, aun estando completamente consiente que yo estaba sobre él, en todo sentido, aun así, no podía evitar sentir… celos.


Cada vez que Bella se perdía en sus secretos pensamientos, presentía, sabía que era en él en quien pensaba, era a él a quien extrañaba.
Entonces luchaba internamente contra la rabia, contra la impotencia.

Luego, al salir por su ventana corría con todas mis fuerzas hasta volverme casi invisible, pendiéndome en el bosque.
Corría tratando de dejar atrás todos los impulsos, todas la ganas de cruzar la línea e ir por él a la reservación, abrir su pecho y tratar de descubrir donde se encontraba aquel hilo invisible que los mantenía unidos.

Pero claro que no me permitía ser dominado por esos sentimientos, yo era un ser pensante, racional. Un ser completamente capas de soportar que otro hombre o licántropo en esta oportunidad, encontrara atractiva a mi prometida.
Porque después de todo eso era lo que realmente importaba, Bella era “Mi Prometida”


Todas esas cosas me mantenía ocupado mientras no estaba junto a ella. Divagando, planeando, soñando con el futuro.
Pero no era suficiente, nunca lo era.
Contaba las horas, los segundos para estar junto a Bella nuevamente.

—“Bien…”—. Gritó de pronto Emmett.

Dejé de mirar por el ventanal para dedicar mi atención.
Su equipo había ganado y estaba ahora de buen humor.

—Supongo que ahora puedes dedicarme un poco de atención—. Decía Rosalie desde lo alto de las escaleras.

—Heee. Si. Si cariño. En un momento, solo quiero cambiar de canal. Trasmitirán… —.

—Si. Claro.
Solo que después no vengas a pedirme que te consienta un momento—. Le contestó molesta ahora mi hermana.

—¿Que dices mujer? A mi nadie me consiente—. Le respondió nervioso poniéndose de pie.

Ella le miró entrecerrando los ojos y se dio media vuelta para marcharse ahora muy enfadada.

—Esta loca hermano, loca. Te juro que hay veces…—.

—¡Te estoy escuchando!— Gritó Rosalie desde su dormitorio.

Ahogué la risa sabiendo que eso solo lograría incrementar la rabia de Rosalie y la vergüenza de mi pobre hermano.

—Solo déjalo—. Le dije tratando de sonar seriamente. —Solo déjalo así—.

Emmett era sin duda uno de los vampiros mas fuertes que había conocido. Pero en su interior era un hombre enamorado, tan enamorado como yo. Y aunque no entendía como podía estarlo de Rosalie, comprendía la naturaleza de sus sentimientos.
Pasión, dependencia, entrega, devoción... Deseo.
Fundidos en una solo sentir.
Lo sabia muy bien, eran el espejo de los míos hacia Bella.

Ahora estaba nuevamente triste, lo estaría hasta volver junto a ella.
Busqué en la profundidad del bosque, parado frente a la ventana con los brazos cruzados sobre mi pecho.

“Maureen Gardiner, Geoífrey”…

Como una campanada en mi cabeza aquellas palabras me sacaron de mis lamentaciones.

—¡Espera!— Le pedí a Emmett mientras prestaba atención.

Emmett dejó de pasar los canales y se quedó mudo, paralizado con la mano alzada y el control remoto apuntando hacia el televisor, sin comprender mi reacción.

Corrí hacia él, tomando casi bruscamente el control de sus manos.
Rápidamente pasé los canales hasta encontrar lo que estaba buscando.

“El Departamento de personas extraviadas en un comunicado de prensa informó que hasta el momento se han reportado 20 desapariciones en lo que lleva transcurrido el mes.
Una cifra jamás vista antes.

Aunque no existe rastro alguno de los desaparecidos, la policía sigue llevando a cabo todas las diligencias.
Pero por la falta de pistas y las extrañas condiciones en las cuales se desarrollaron tales desapariciones, hace aun mas difícil la labor.

Y en otras informaciones, crece el conflicto en el Medio Ori…”

—¡Rayos¡—. Dejé escapar y apagué el televisor.

—Mmmm Edward?—. Dijo Emmett mientras me alejaba.

—¿Que?—

—Si no te molesta, quisiera poder ver la televisión—.

—Hoh. Si, claro. Toma—. Y le entregué el control remoto.

—Por favor, chico. Mírate, pareces un fantasma más que un vampiro.
¿No crees que Seattle esta muy lejos como para preocuparse?

—Si. Tienes razón, creo que aun no hay nada de que preocuparse. No mientras no se acerque—.

—Tranquilo, una ciudad grande es el paraíso para un neófito, creo que no querrá moverse en un largo periodo.

—Tienes razón, es solo que donde quiera que mire no puedo evitar ver las garras de Victoria.

—Alice verá cuando se acerque, ella o cualquier otro—.

—Te lo agradezco Emmett de verdad.
Ahora será mejor que me marche de una buena vez a casa de Bella—.

—Ok. Salúdale de mi parte y no te preocupes por nada, esta noche nosotros nos haremos cargo.

Salí de casa con la sensación de que algo no estaba bien.
Más ansioso que nunca por llegar pronto a casa de Bella.


Carlisle me había hecho notar aquellas extrañas desapariciones y las muertes en Seattle de un tiempo a esta parte.
Ahora era mas que claro que se trataba de un neófito suelto en la ciudad.
Al principio no era algo para alarmarse, pero cada vez que aparecía otra victima o cada vez que desaparecía una nueva persona, me sentía mas intranquilo.
Perfectamente podía tratarse de un loco, de un enfermo que andaba por ahí. Pero todos mis sentidos me decían que Victoria tenía algo que ver, que con ella suelta era mejor no pasar nada por alto.

Conduje rumbo a su casa siempre con la sensación en mi cabeza y al llegar ahí, me estacione detrás del coche patrulla.

Aun faltaban algunos minutos para que comenzara la hora oficial de las visitas ¿Pero que podía hacer, donde más podía estar?
Y aunque la lluvia caía fuertemente, podía escuchar claramente sus palabras, como si estuviera ahí, junto a ellos.
Si cerraba mis ojos podía imaginar toda la escena.
Bella sentada junto a su padre hablando de… hablando de.... Haaah. Mi tema favorito.
“La Universidad“.

Ella también había recibido noticias desde Alaska, tendría que poner mi mejor cara de asombro cuando me contara.

—Así que... —. Dijo su padre mientras ordenaba las ideas en su cabeza, arrepintiéndose al último minuto

—Así que, ¿qué?—. Preguntó ahora curiosa Bella.

Ya era hora de visitar formalmente a mi prometida.
Bajé del coche y caminé humanamente hacia su casa mientras su padre se animaba a preguntar sobre mis planes para el próximo año.


—¿Y bien? — Dijo Charlie presionando su respuesta.

Golpee su puerta interrumpiendo aquel interrogatorio.

—¡Entra!—. Gritó Bella mientras su padre lanzaba con un coloquial “Lárgate”

El Jefe Swan seguía muy molesto y desilusionado de su hija por haberme recibido después de todo lo ocurrido.
Sin mencionar el asunto de las motocicletas.
También me culpaba de ello y yo no lo rebatía.
Sin duda que yo era el culpable, prácticamente la había lanzado a las garras de los peludos, hediondos y desagradables licántropos de la reservación.

Su padre ahora mantenía siempre una idea fija en su mente.
Pensaba que Jacob Black era el mejor partido para su hija. Y tal vez, en otras circunstancias, yo mismo habría estado de acuerdo con aquella idea. Pero muchas cosas habían sucedido este último año. Sin duda que ahora Bella estaba más segura a mi lado que al lado de un temperamental chucho.

Fue el alocado correr de Bella hacia la puerta lo que borró el recuerdo de mi último encuentro con su joven amigo.
De golpe abrió la puerta y ahí estaba, delante de mi, la única razón por la cual existía.
La fuente de toda mi alegría, mi luz personal.
Mi única y total razón de cordura.
Mi Bella, mi vida.

Demasiadas horas habían transcurrido desde que había saltado por su ventana aquella mañana de sábado.
Su padre se había quedado en casa, obligándome a separarme de ella.

En silencio nos miramos, como si el tiempo transcurrido fuera mayor. Como si hubieran pasado años en vez de solo horas y sin duda así lo había sentido.
Nuestros ojos se encontraron y vi brillar en ellos la felicidad.
¿Qué más podría querer un hombre? ¿Existe en el mundo alguna felicidad que sea mayor que saber, el comprobar día a día que eres capas de hacer feliz a la mujer que amas?
Creo que no, aun sabiendo que no era un hombre propiamente tal, para mi, aquello era mas que suficiente para ser completamente feliz.

Sentí la corriente eléctrica unos segundos antes que Bella tomara mi mano entre las suyas, recorriendo mi cuerpo de golpe.
Me vi reflejado en sus pupilas, grandes como espejos.
Siempre podía soñar mientras me perdía en sus ojos, llenos de sueños, esperanzas e ilusiones.
En ellos siempre veía un bosque sin fin, el abrigo de los cielos cubiertos.
Me recordaban que teníamos un futuro, juntos por siempre.

—Eh —. Dijo entregándome una segadora sonrisa.

Sabía perfectamente como se sentía en ese momento, para mi también era reconfortante estar nuevamente junto a ella.

—Como ha sido tu tarde—. Le pregunte mientras acariciaba su mejilla.

—Demasiado lenta—

—Si. Para mi también lo ha sido—

Mañana sería lo mismo y el siguiente también. Así hasta que por fin estuviéramos juntos sin necesidad de separarnos jamás.

Atraje su mano hasta mi rostro, mientras cerraba mis ojos.
La impaciente voz mental de su padre en mi cabeza se evaporó de golpe mientras disfrutaba el placer que me producía su fragancia, embriagando todos mis sentidos.
Despertando inconscientemente y sin poder evitarlo, la sed por su sangre. Pero también despertaba en mi otro instinto, uno casi tan poderoso.

Mi sed se había transformado en un dolor gratamente asumido y controlado. Salvo, claro esta en algunas ocasiones en que se mezclaba con la pasión y el deseo.
En esas oportunidades sentía como las llamas quemaban mi boca, mi lengua, mis venas y mi cuerpo completo.
Era tan placentero su contacto, su aliento contra mi cuello.
Bella casi sobre mi, sus manos entre las mías quemando mi piel, quemando casi hasta mi resistencia.
Era maravilloso descubrir todas aquellas reacciones de mi cuerpo, era increíble comprobar que casi a cien años de haber nacido me sintiera aun como todo un hombre.

Entonces me alejaba rápidamente de ella, jadeando, tratando de recuperar el control sobre mi mismo, mientras me sentía fascinado y sorprendido al mismo tiempo.
Veía entonces la frustración en su rostro, veía como correspondía a mi deseo, con los ojos anhelantes y casi suplicantes.
Bella no sentía vergüenza de aquellas sensaciones y eso no hacia las cosas mas llevaderas para mi.
No existe nada mas afrodisíaco o perturbador que el comprobar que el deseo por el ser amado es correspondido.

Fueron las pisadas de su padre las que me obligaron oportunamente a volver a la realidad.

—Buenas tardes, Charlie —. Le dije justo cuando llegó a la puerta.

Él, como siempre, me saludo de mala gana mientras me mandaba a volar en su mente.
No me hacia mucha gracia el tener a mi futuro suegro con tal predisposición, pero ya tendría tiempo para ganarme su confianza nuevamente.
Pero antes de hacer eso tenia otra batalla que lidiar el día de hoy.

—He traído otro juego de formularios —. Le dije a Bella mientras le enseñaba el sobre.

Dejó escapar un gemido de angustia.
Podía leer las preguntas en su mente como si estuvieran escritas en su frente.

—Todavía nos quedan algunas fechas abiertas, y hay ciertos lugares que estarían encantados de hacer excepciones—. Le dije respondiendo a sus silenciosas preguntas.

No pude evitar reír al ver la expresión de horror que le producían mis palabras, creo que comprendía muy bien que aquellas excepciones estaban directamente ligadas a una cuantiosa suma de dinero.
¿No es el dinero una herramienta para ayudar a nuestros seres amados?
Esa era la razón por la cual no sentía culpa o remordimiento al entregar aquellas “Donaciones”, en esta ocasión Maquiavelo tenía toda la razón… “El fin justifica los Medios” y para mi el que Bella fuera aceptada en una buena y prestigiosa universidad justificaba todos los medios.

—¿Vamos? —. Le dije mientras le obligaba a entrar a la casa hasta llegar a la cocina seguidos en todo momento por su padre, mas huraño y molesto que nunca.


Bella retiró algunos platos y el periódico de la mesa y me dispuse a organizar los formularios para que ella pudiera completarlos.
El día de hoy había traído una buena cantidad de ellos y seguramente no podría contar mucho tiempo con la buena disposición de Bella por mucho tiempo, debía completar los que para mi eran mas importantes primero.
Me encontraba en esa tarea cuando ella dejó sobre la encimera la vieja copia de Cumbres borrascosas.
Estaba seguro que ya lo sabía de memoria pero ella continuaba leyendo una y otra vez.
Cuado estaba a punto de preguntar sobre las motivaciones que tenia para leerlo nuevamente su padre me dirigió la palabra.
Era muy extraño que lo hiciera, lo evitaba cada vez que le era posible.

—Hablando de solicitudes de universidades, muchacho. Bella y yo estábamos hablando del próximo año. ¿Has decidido ya dónde vas a continuar los estudios?—.

“Espero que sea en una muy, pero muy lejana de aquí” Pensaba su padre.

—Todavía no—. Contesté. No quería presumir sobre ese asunto, al menos no quería presumir demasiado. —He recibido unas cuantas cartas de aceptación, pero aún estoy valorando mis opciones—.

—¿Dónde te han aceptado? —. Preguntó cruzándose de brazos, un tanto incrédulo ante mis palabras.


—Syracuse... Harvard... Dartmouth...—.

Algunas de las mejores universidades del país habían respondido a mis solicitudes, pero no estaba en mis planes entrar a ellas, no sin Bella a mi lado y hasta el momento solo una cumplía con ese pequeño requerimiento.
Como era de esperar, no le hizo mucha gracia a su padre el que yo también hubiera sido aceptado en la Universidad del Sudeste de Alaska.

Aun sin voltearme completamente, pude ver en el rostro de Bella la emoción ante este echo y le guiñé un ojo en un disimulado movimiento.

—¿Harvard? ¿Dartmouth?—. Dijo su padre muy sorprendido. —Vaya, eso está muy bien, pero que muy bien—. Ya, pero la Universidad de Alaska... realmente no la tendrás en cuenta cuando puedes acceder a estas estupendas universidades. Quiero decir que tu padre no querrá que tú...—.

La sola idea de imaginar a Carlisle sermoneándome era completamente absurda y sin dejar de ser cortes, le aclaré que mi padre estaba de acuerdo con todas las decisiones que yo tomara.

Si no hubiera estado observando en todo momento a Charlie, hubiera creído que se estaba ahogando en ese preciso momento.

—Humpf—. Fue lo único que logró decir.

Fue entonces cuando Bella comentó muy alegremente que ella también había sido aceptada en la Universidad, ante lo cual la felicite en medio de una gran sonrisa. Era una gran y sorprendente… coincidencia.

“¡Por favor!….” Pensó su padre mientras nos observaba estupefacto. “¡Esto debe ser una maldita broma!“.

—Estupendo —. Se limitó a murmurar para luego dar media vuelta y agregar que iría a ver el partido, no sin antes recordarle a su hija que debía marcharme a las nueve y media. Como si pudiera olvidar que solo me quedaba menos de dos horas para estar con ella.

—Esto..., papá,—. Dijo Bella en ese momento. —¿recuerdas la conversación que acabamos de tener sobre mi libertad...?—.

Su padre suspiró mientras me dejaba ver un recuerdo todo el asunto de la supuesta libertad.
Lamentablemente aquella palabra estaba ligada a otra muy desagradable para mi… Jacob Black.
Jacob Black era la condición que su padre imponía, ese era el precio que debía pagar para disfrutar de dicha libertad.

Charlie rectificó el nuevo horario aclarando que dicho horario se mantenía en los días de clases.

—¿Bella ya no está castigada? —. Pregunté animado. Conocía a cierta persona que estaría muy feliz con esa nueva noticia.

—Con una condición —. Dijo su padre molesto por mi intromisión. —¿Y a ti qué más te da?— Agregó bruscamente.

Sin inmutarme ante su descortesía, comenté que Alice estaría encantada con la noticia.
Desde hace un par de días que quería salir de compras a la ciudad.
Sin duda el tener o compañía para salir de comprar no era un impedimento para ella, pero era solo la excusa para pasar tiempo con Bella, pero yo era feliz con esa gran amistad, con ese cariño que se había forjado entre ambas.

—Y estoy seguro de que a Bella le encantará un poco de ambiente urbano —. Dije sonriéndole a ella.

—¡No!—. Dijo su padre repentinamente muy molesto.

—¡Papá! Pero ¿qué problema hay?—. Preguntó Bella mientras me concentraba para encontrar alguna respuesta coherente en la mente de su padre… y sin dificultad alguna pude comprender sobre que se trataba todo el asunto.

Estiré mi brazo para tomar el periódico que Bella había dejado sobre la encimera para leer los detalles del articulo que tenía un gran encabezado, un encabezado digno de temer para cualquier humano.







SE ELEVA EL NÚMERO DE VÍCTIMAS MORTALES, LA POLICÍA TEME LA IMPLICACIÓN DE BANDAS CRIMINALES
Como Jefe de la Policía local, Charlie estaba mejor enterado de los pormenores de los asesinatos en Seattle. En todas la muertes aparecía el mismo Modus Operandi, el había descartado hace mucho tiempo atrás las suposiciones de que se trataría de una banda.

Tal vez, su instinto de padre le advertía que podría ser peligroso ir al ciudad, sobre todo ahora con todas aquellas muertes y desapariciones. Lo único que él buscaba era el mantener a salvo a su hija.

—Quiero que te mantengas lejos de Seattle. ¿vale?—. Le ordenó.

—Papá, hay más probabilidades de que me caiga encima un rayo. Para un día que voy a estar en Seattle no me...

—De acuerdo, Charlie —. Dije interrumpiendo a Bella.
Estaba completamente de acuerdo con su padre. Mi familia y yo estábamos muy consientes de todos esos hechos. Además con la suerte que tenía Bella sería muy probable que además de caerle un rayo se topara de frente con lo que estaba causando las muertes.
—En realidad, no me refería a Seattle, sino a Portland. No la llevaría a Seattle de ningún modo. Desde luego que no—. Dije sin mirarle mientras leía la noticia y nada nuevo encontré en el papel, la policía seguía teniendo solos sospechas.


“El Alcalde de la ciudad ha llamado a reunión extraordinaria para el día de hoy a todos los altos mandos de la policía.
Se espera que mañana se tenga un tenga un extenso reporte y una medida de soluciones para encontrar al o a los responsables de todos esas trágicas muertes“.


—De acuerdo—. Agregó Charlie para luego salir de la cocina.


“Referentes a las desapariciones se han descartados los principales motivos por los cuales las personas tienden voluntariamente a desaparecer.
Queda descartada la venganza o el agobio por deudas económicas, maltrato o problemas dentro del matrimonio“.

—Pero ¿qué...? — Comenzó a decir Bella cuando su padre ya estaba instalado frente al televisor, pero le pedí que esperara un momento. y le entregué los formularios para que comenzara a completarlos mientras terminaba de leer el artículo.


“Los familiares están en contra de la teoría que en primera instancia había entregado la policía alegando que los desaparecidos en cuestión, disfrutaban de un buen momento en sus vidas tanto laboral como familiarmente".
Sin dejar de leer le entregue las solicitudes, si tenia un poco de suerte habría completado las que me interesaban sin que se diera cuenta.


“Se especula que al parecer se trataría obrar de varias pandillas las encargadas de sembrar el terror en la ciudad, no se descarta una guerra entre grupos rivales y las muertes solo serian el lamentable
resultado de aquellas rencillas“.

Pensé en las posibilidades que existían de que todo lo escrito en el periódico fuera verdad, Cuantas posibilites de eso habría?. Todos mis sentidos me decían debía estar alerta, el peligro podría estar afuera, detrás de cada árbol en el espeso bosque se que apreciaba por la ventana de su cocina.

Bella resopló molesta arrastrando los papeles hacia un lado sobre la mesa, voltee apartando mis ojos del espeso bosque, alejándome de mis pensamientos.

—Esto no es serio, Edward. ¿Dartmouth?—.

No había tomado el tiempo, pero creo que se había demorado un poco más de lo que tenía previsto el darse cuenta del origen del formulario.

—Creo que New Hampshire podría gustarte. Hay un montón de cursos complementarios para mí por la noche y los bosques están apropiadamente cerca para un excursionista entusiasta, y llenos de fauna salvaje—.

La región estaba colindante a la Reserva Nacional Adirondack.
Emmett me había contado de sus aventuras en el parque tras la huella de un oso grizzly.
Le sonreí tratando de convencerle, pero solo inspiró profundamente, resignada pero no aun convencida.
Dejaría que me devolviera el dinero si eso le hacía sentirse mejor, es más, le cobraría hasta los interés si ella así lo quería.

Pero no estaba dispuesta a cooperar en el asunto, era demasiado inteligente como para creer que la aceptarían en la universidad de Dartmouth sin el pago de algún tipo de incentivo.

—¿Entrará eso también como parte del préstamo? ¿La nueva ala Cullen de la biblioteca? —.

Ahogue la risa que me dio al recordar la nueva biblioteca que se estaba construyendo en estos momentos en Alaska. “ La biblioteca Cullen”

—¿Por qué estamos teniendo otra vez esta discusión?—. Agregó molesta.

¿Porque era tan testaruda, porque no podía llenar los formularios y ya?. ¿Qué daño le podría provocar unos simples e inofensivos documentos?

Bella siguió discutiendo, ella no pensaba de la misma manera.


Solo por precaución, tomé rápidamente los documentos de la mesa guardándolos a salvo en el bolsillo de mi chaqueta.
Era más que obvio que este día no lograríamos llegar a algún acuerdo en cuanto a la universidad y por ende a la continuidad de su tan poco ponderada humanidad..


Bella estiró los brazos dispuesta a tomar los papeles que yo guardaba ahora como un tesoro.

—¿Qué estás haciendo? —. Dijo sorprendida al descubrir que me había adelantado a sus actos.

Yo podía imitar perfectamente su letra y además ella ya había escrito casi la totalidad de los datos requeridos.

Entrecerró los ojos y en un susurro me reprochó que con mis actos me estaba pasando de la raya.

—No voy a escribir ninguna solicitud más—. Agregó cruzándose de brazos.

La habían aceptado en la Universidad de Alaska y creía que podía pagar la matricula del primer semestre, que era una coartada tan buena como cualquier otra, que no había necesidad que tirar, según ella, un montón de dinero.

¿Acaso no comprendía que solo quería lo mejor para ella.
De que servia todo el dinero que tenia si no podía darle absolutamente nada a mi prometida?

No podía creer que otra vez estuviéramos discutiendo sobre ese asunto. Traté de defender mi posición.

—No empieces—. Dijo Bella interrumpiéndome. —Estoy de acuerdo en guardar las formas por el bien de Charlie, pero ambos sabemos que no voy a estar en condiciones de ir a la facultad el próximo otoño. Ni de estar en ningún lugar cerca de la gente—.

Le recordé que el momento aun no estaba decidido.
Podría disfrutar un semestre o dos, no había necesidad que apresurar las cosas, todavía le quedaban demasiadas experiencias humanas por vivir.

—Las tendré luego—.

Pero después sería demasiado tarde.
—No hay una segunda oportunidad para ser humano, Bella—.

Se limitó a suspirar para luego pedirme que fuera razonable sobre la fecha. Pensaba que era un asunto demasiado peligroso como para tomarlo a la ligera.
Pero Bella veía peligro donde no lo había.

Al escuchar mis despreocupadas palabras me miró con cara de pocos amigos. Era tan divertido verle, tan pequeña, tan indefensa y con cara de furia. Pero de pronto la furia en su rostro de desvaneció y el dolor ocupó su lugar.

Quería entrar en su mente, espantar todos los atroces recuerdos que seguramente nublaban su entendimiento y la impulsaban a tomar la decisión de convertirse en una eterna condenada por miedo a encontrar la muerte en manos de lo Vulturis.

—Bella—. Dije mientras mi brazo cruzaba la mesa para acariciar su rostro. —No hay prisa. No dejaré que nadie te haga daño. Puedes tomarte todo el tiempo que quieras—.

—Quiero darme prisa —. Respondió en un susurro entregándome una pequeña y fingida sonrisa. —Yo también deseo ser un monstruo—.

Sentí como un puñal invisible entraba por mi dura y halada piel y partía en dos mi dormido corazón.
Apreté mis dientes ahogando el gruñido que trataba de emerger por mi pecho.
No sabía lo que pedía, no tenía idea de lo que estaba diciendo.
¿Acaso estaba tan impaciente por ser una acecina, también ella quería matar indiscriminadamente a hombres y mujeres inocentes cuando fuera victima de la sed eterna que rige la vida del vampiro?

Puse el periódico sobre la mesa apenas teniendo cuidado de no partir la mesa de un golpe, mostrándole en encabezado de la pagina principal.

Me miró sorprendida, sin entender que tenía que ver la noticia con nuestra discusión.

—Los monstruos no son cosa de risa, Bella—. Le aseguré.

Miró el periódico y luego a mi con incredulidad.

—¿Es un... vampiro quien ha hecho esto?—.

En una mueca le aseguré que la mayoría de las horrendas noticias que llenaban los periódicos eran provocadas por vampiros.
Para los de nuestra especie era fácil reconocer las señales que pasaban desapercibidas por los ojos humanos.

—Esta información indica que un vampiro recién transformado anda suelto en Seattle. Sediento de sangre, salvaje y descontrolado, tal y como lo fuimos todos—.

—Hemos estado vigilando la situación desde hace unas semanas—. Le comenté seriamente.
Todo indicaba que las desapariciones así como las muertes eran obra de un neófito.
Todas se habían producido de manera insólita, siempre de noche, los pocos cadáveres que se habían logrado recuperar, la falta de cualquier otra evidencia.
Y al parecer nadie se estaba haciendo cargo de ese nuevo vampiro.
—Bien, no es nuestro problema. No podemos ni siquiera prestar atención a la situación hasta que no se nos acerque más a casa. Esto pasa siempre. La existencia de monstruos no deja de tener consecuencias monstruosas—.


—A mí no me sucederá lo mismo. Tú no dejarás que me comporte así. Viviremos en la Antártida—. Dijo Bella después de un momento.

Había terminado de leer el articulo y creo por fin comprendió que ser un monstruo no era cosa de bromas.

Resople por la nariz al recordar el espantoso sabor a la sangre de pingüinos.

Respondió a mi comentario con un risa nerviosa, le había afectado mis crudos comentarios.
Tiró el periódico con un golpe de su mano, seguramente hoy tendría pesadillas, pero siempre estaría a su lado para velar su sueño.

—Alaska, entonces, tal como habíamos planeado—. Agregó ahora un poco mas tranquila.
—Sólo que nos vendría mejor algo mucho más lejano que Juneau, algún sitio con osos en abundancia—.

La idea me pareció genial, cualquier cosa en vez de pingüinos. Los osos polares eran muy fieros y además podríamos variar la dieta. —También abundan los lobos—.

Pero Bella no respondió a mis entusiastas palabras. Su corazón se detuvo mientras expiraba violentamente.


No entendía su reacción. ¿Qué había de malo en querer cenar unos cuantos lob…?
¡Rayos…! —Vaya, olvídate de los lobos, entonces, si la idea te repugna—. Le dije manteniendo la compostura, nuevamente recurriendo a mis décadas de autocontrol.

—Era mi mejor amigo, Edward. Por supuesto que me desagrada la idea—.

Su voz era débil, podía ver cuanto dolor le causaba. ¡Maldito Jacob Black!…
Pero nuevamente maldecía a la persona equivocada.
Maldito debía ser el día en que se me cruzó por la cabeza la genial idea de irme de su lado, sin duda que esa acción pesaría en mi cabeza por todo el resto de mi existencia.
Además con mis brillantes palabras lo único que lograba era atormentar a Bella.
Debía hacerme cargo de mis acciones, siempre lo había echo durante mi corta vida humana, al igual que en esta.

—Perdona mi falta de consideración—. Agregué arrepentido de mis palabras. —No debería haberlo sugerido—.

—No te preocupes—. Comentó débilmente mientras contemplaba su manos que se habían transformado en puños.

El silencio reinó entre nosotros, de pronto sentí como se ampliaba el pequeño espacio que nos separaba, casa uno sentado a un lado de la mesa, alejándonos mas y mas a casa minuto.
Estiré mi mano, borrando aquella desagradable sensación.
Tome cuidadosamente su barbilla, obligándolo suavemente a levantar su rostro y poder contemplar sus ojos.
—Lo siento. De verdad—. No quería herirle, lejos de eso estaba.

—Lo sé. Sé que no es lo mismo. No debería haber reaccionado de ese modo. Es sólo que..., bueno, estaba pensando justo en Jacob antes de que vinieras—. Que diferente es pensar algo, suponer algo a comprobarlo. —Charlie dice que Jacob lo está pasando mal. Se siente muy dolido y... es por mi culpa—.

Pero prefería escucharlo, prefería saber de una vez y así dejar de pensar en ello una y otra vez.
Siempre querría escuchar lo que pensaba aun cuando ello me hiriera. Pero mi dolor no era nada en comparación al que le había provocado y ahora veía que sufría.
Y además sin causa ya que ella no había hecho nada malo.

—He de hacer las cosas mejor, Edward. Se lo debo. Y de todos modos, es una de las condiciones de Charlie...—.

¿Que era una condición de su padre? ¿El estar al lado de una bestia sin control, esa era la condición?
—Ya sabes que está fuera de discusión que andes con un licántropo sin protección, Bella el tratado se rompería si alguno de nosotros atravesáramos sus tierras. ¿Quieres que empecemos una guerra?—. Grrrr ¿Porque teníamos siempre que estar discutiendo por causa de esos…perros?

—¡Claro que no!—.

Deje de acariciar su rostro.
Entonces si ella no queria comenzar la guerra no habia necesidad alguna de seguir discutiendo el tema o cualquier otro que tuviera que ver sus supuestos amigos de la recervacion.
Es mas, no queria discutiendo sobre cualquier otro asunto.
Habia pasado un día terrible, la habia anelado con todo mi ser, sin embargo ahí estaba, sentado frente a ella sin poder mirarle a los ojos, mirando los muros de su cosina, mirando…. ¿Cumbres borrascosas?
Debía componer las cosas. No habia necesidad de ser tan intransijente.
Aclaré las ideas en mi mente, y mas calmado ahora le comente que me parecia genial que su padre levantara el castigo ya que realmente necesitaba ir pronto a una librería.

—No me puedo creer que te estés leyendo otra vez Cumbres borrascosas. Pero ¿es que no te lo sabes de memoria ya?—.

Tal vez lograra distraerla o tan solo calmarla.

—No todos tenemos memoria fotográfica —. Me contestó de educadamente, pero su expresión era vigilante, cautelosa.

Si. Estaba molesta, pero creo que ya no tanto.

—Memoria fotográfica o no, me cuesta entender que te guste—.

Nunca había entendido el por que Bella disfrutaba de esa lectura, sus personajes tenían escasos valores éticos, todo el libro era mentira tras mentira, traición.
—No comprendo cómo se ha terminado poniendo a Heathcliff y Cathy a la altura de parejas como Romeo y Julieta o Elizabeth Bennet y Darcy. No es una historia de amor, sino de odio—.

Ahora no buscaba distraerla, sinceramente anhelaba saber que era lo que disfrutaba de esa historia.
Bella también estaba de mejor humor, creía que yo tenia un problema con los clásicos.

—Quizás es porque no me impresiona la antigüedad de las cosas — Le dije sonriente. Ya casi podía ver de nuevo el brillo en sus ojos. —Pero de verdad, en serio, ¿por qué lo lees una y otra vez?—.
Estiré nuevamente mi brazo hacia ella, extrañaba su contacto, lo necesitaba tanto como el saber que le hacía leerlo sin parar. —Qué es lo que tiene que te interesa tanto?—.

Vi como nuevamente sus ojos brillaban para mi mientras me respondía.
No estaba segura pero tal vez se trataba del concepto de lo inevitable, el que amor entre los protagonistas fuera mas fuerte que todas sus faltas. Que el amor entre ambos fuera aun mas fuerte que la misma muerte.

Motivos poderosos sin duda pero aun no me convencía la idea de que pudiera surgir el amor verdadero entre un ser malvado como lo era Heathcliff y Catherine que era el egoísmo personificado.
—Sin duda que sería una historia mejor, mas creíble de todas formas, si alguno de ellos poseyera alguna cualidad que lo redimiese. Espero que tú tengas más sentido común que eso, que enamorarte de algo tan... maligno—. Agregue medio en broma, medio en serio.

Pero yo sabia que era tarde para esa advertencia, ya nos encontrábamos perdida e irremediablemente enamorados.
—pero incluso sin necesidad de la advertencia, creo que me he apañado bastante bien—.

Reí en silencio, era verdad, ella siempre lograba hacerlo mejor que yo y me alegraba que pensara de esa manera.

—Bien, y yo espero que seas lo suficientemente listo para mantenerte lejos de alguien tan egoísta. Catherine es realmente el origen de todo el problema, no Heathcliff—. Agregó Bella y le prometí que estaría en guardia.

Suspiró después de eso, posando su mano sobre la mía, mientras continuaba acariciando su rostro.

—Necesito ver a Jacob—.

Cerré mis ojos evitando su mirada suplicante y así poder contestar que no. Era tan difícil para mi el tener que negarle algo, lo que fuera.

Y ella no se daba por vencida, creía que su amigos no eran peligrosos. Me habló de cómo solía pasar los días en la reservación y que nunca le había ocurrido nada.

Pero sin necesidad de leer la mentira en sus ojos me pude dar cuenta de ella. Todo me decía que lo hacia, el leve temblor en su voz, los rápidos y repentinos latidos de su corazón, el sudor de las palmas de sus manos… todo. Como creía que pasaría por alto aquellos signos?

—Los licántropos son inestables. Algunas veces, la gente que está cerca de ellos termina herida. Algunas otras veces, incluso muerta—.

Abrí mis ojos para ver su rostro. Su ojos parecian perdidos en recuerdos lejanos.
Esperé que refutara mis palabras pero no lo hizo. Con ello solo confirmó mis palabras, me odié nuevamente al pensar en todas las oportunidad que tal vez se habiha visto expuesta al peligro.
Los sentimientos de Jacob Black eran sinceros, pero aun así, no podía evitar ser lo que era.
Un ser peligroso aun para las personas que ama.

Y Bella se equivocaba al pensar que no los conocía, lo hacia rotundamente.
Hace 70 años habíamos viajado a esta región, buscando en ella, la oportunidad de asentarnos y encontrar bajo los cielos siempre cubiertos del Estado de Washington, la vida casi normal con la cual todos los miembros de mi familia soñamos.
Fue entonces cuando nos topamos por primera vez con ellos.
Yo al ser capas de leer sus pensamientos, sabia mejor que nadie las motivaciones de su naturaleza, la intransigencia de sus pensamientos. Lo volátil de sus temperamentos y sabía también que era muy fácil gatillar en ellos la transformación de la cual son esclavos.
Yo había estado aquí la última vez.

—Nos acabábamos de establecer cerca de Hoquiam. Fue antes de que llegaran Alice y Jasper. Los sobrepasábamos en número, pero eso no los hubiera frenado a la hora de luchar si no hubiera sido por Carlisle. Se las compuso para convencer a Ephraim Black de que la coexistencia era posible y por ese motivo hicimos el pacto—.
Al morir este pensamos que linaje moria con el, que la mutación genética responsable de la transformación desaparecía al dejar esta vida.
Claro que eso es lo que habíamos pensado con mi padre… hasta ahora.

—Pero tu mala suerte parece que se acrecienta cada vez más. ¿Te das cuenta de que tu atracción insaciable por todo lo letal ha sido lo suficientemente fuerte como para hacer retornar de la extinción a una manada de cánidos mutantes? Desde luego, si pudiéramos embotellar tu mala fortuna, tendríamos entre manos un arma de destrucción masiva—. Agregue bromeando solo un poco sobre el asunto. Lo de su mala suerte lo creía firmemente.

—Pero yo no les he hecho regresar, ¿no te das cuenta?—.

Pero no comprendía a que se refería.
Ella creía, tenía la extraña teoría que nosotros éramos los causantes de que los licántropos regresaran.
Le miré detenidamente, pensando, desmenuzando su hipótesis, sorprendido por sus palabras.

Al parecer su amigo le había comentado que la presencia de mi familia había provocado que las mutaciones comenzaran nuevamente y que además yo debía estar informado.


—¿Y eso es lo que piensan?—.
Que descaro, es decir, nos culpaban de sus males, por eso nos odiaban aun sabiendo que no éramos peligrosos para ellos, o por lo menos los miembros de mi familia.



—Edward, atiende a los hechos. Vinisteis hace setenta años y aparecieron los licántropos; volvéis ahora y aparecen de nuevo. ¿No te das cuenta de que es más que una coincidencia?—.

Seguramente a mi padre le encantaría oír esa idea, encontraría su teoría sumamente interesante.

—Teoría —. Respondió al parecer nuevamente molesta.

De pronto, no todo me parecía tan desfachatado.
¿Pero no había dicho Bella que la aparición de nuevos lobos había comenzado cuando nosotros ya nos habíamos marchado?.
A menos que… Amenos que fuera la presencia de Victoria en la reservación, mientras asechaba a Bella la que encendiera la mecha de las transformaciones.

Habían pasado casi tres años desde que volvimos a Forks, de ser así, de ser culpa nuestra, estos eventos se habrían producido mucho antes…
Tal vez… Si. Claro eso podría ser…. Nosotros jamás puesto un pie mas allá de la línea del tratado.
Podría ser cierto que los vampiros eran los causantes, pero nosotros no, de ninguna manera.

—Interesante, aunque no cambia nada —. Le dije dejando de lado las especulaciones, de todas maneras seria mejor hablarlo con Carlisle y además eso no cambiaba nada, la situación continuaba como estaba.

Bella se levantó y caminó hacia mi, rodeando la pequeña mesa.
Abrí los brazos para recibirla, feliz de comprobar que no estaba molesta ni resentida con migo.
La acuné en mis brazos preguntándome por que se había tardado tanto en darme su contacto.
Solo un momento permanecimos así, el uno contra el otro hasta que habló.

—Por favor, sólo escúchame un minuto—. Dijo sin levantar el rostro hacia el mió negándome sus ojos.
Suavemente me explico que para ella era muy importante, que no se trataba de un capricho. Al parecer su amigo estaba sufriendo y me dolía comprobar que con esto lo hacia ella también.

—No puedo dejar de ayudarle ahora, justo cuando me necesita, simplemente porque no es humano todo el tiempo—.

Me habló del tiempo es que estuvimos separados, de cómo él le había ayudado en ese tiempo tan oscuro de nuestras vidas. Dijo que el había estado a su lado cuando ella se habia convertido en algo no del todo humano y que no podía hacerme una idea de cómo habia sido para ella.

Alice me había mostrado la visión de Bella destruida y la sola rememoración de dichas imágenes calaban profundamente en mi mente. Mi cuerpo respondió al recuerdo, tensándome involuntariamente, mis puños fuertemente apretados impedían que rompiera a gritar maldiciendo mi existencia.
Estaba consiente de que esa era solo una pequeña fracción de su dolor y estaba consiente que nunca sabría a ciencia cierta cuanto la había lastimado.

—Si Jacob no me hubiera ayudado...—. Dijo Bella continuando su hiriente relato. — No estoy segura de qué hubieras encontrado cuando volviste. Le debo mucho más de lo que crees, Edward—.

Cerré mis ojos, deseando ser capas de llorar aunque fuera una maldita vez en esta existencia.
El dolor fluia dentro de mi cuerpo, inundando por completo mis sentidos, buscando desesperadamente la forma de salir.
Pero al llegar a mis ojos volvía su camino hacia mi cerebro nuevamente y así una y otra y otra vez sin piedad.
Nunca me perdonaría por haberle abandonado, ni aunque viviera cien mil años.
Sabía todo lo que le debía a Bella por hacerla pasar todo ese sufrimiento.
Y el que ella justificara mi comportamiento no lo hacia mas llevadero o menos terrible para mi.

—Y estoy segura de que habría funcionado con alguien menos chiflado que yo. Además, ahora estás aquí y eso es lo único que importa—.

Tenia muy claro que debería pagar por mis actos, el que nos encontráramos hoy teniendo esta absurda conversación se debía a eso mismo.

—Si no me hubiera ido no tendrías necesidad de arriesgar tu vida para consolar a un perro—.

Y no sabía como expresar mis palabras para que no sonaran tan crudas… y creo que tal vez podrían sonar hasta crueles y egoístas. Sin duda que el pensar de esa manera lo era pero, ya sabía muy bien lo que se sentía perderla, o por lo menos durante demasiadas horas si lo había sentido y no toleraría que se expusiera a ninguna clase de peligro.

—Tienes que confiar en mí en este asunto. Estaré bien—. Me aseguró demasiado confiada de sus palabras y eso solo hacia que el dolor incrementara.

Le pedí que fuera consiente, que si no lo hacia por ella que pensara en mi, que tratara de hacerlo por mi.
Debía hacer un esfuerzo por mantenerse a salvo. —Yo hago todo lo que puedo, pero apreciaría un poco de ayuda—.


—Me lo tomaré en serio —. Me respondió suavemente aunque no demasiado enserio.
¿No podía comprender que era todo para mi? ¿Como podía hacerme pasar por todo eso?.
Es que no se daba cuenta de cuan importante era ella para mi. No sabia acaso de cuanto la amaba? ¿Y si lo hacia, por que no podía dejar de lado todo lo peligroso y mortal, entre ellos su amigo licántropo?
Le abrace fuertemente deseando que mi amor fuera suficiente para ella.
Deseando que las viejas deudas se evaporan por arte de magia.
Sentí su aliento acercándose a mi cuello y cerré mis ojos mientras sus labios besaban mi fría piel.

—Lo que sí sé es cuánto te quiero yo —.

Pero no existía forma humana de medida que se pudiera utilizar para cuantificar mi amor por ella, era como comparar un árbol con todo un bosque, con toda una selva aunque ella pensara que era imposible.

Bese su cabeza y su exquisito aroma arrancó un suspiro de mi pecho.

—Nada de hombres lobo—. Le dije zanjando el asunto.

Pero el día de hoy no lograríamos llegar a un acuerdo. Bella no dejaría de presionar sobre el asunto, ella sentía que debía ver a su amigo y yo tendría que deterla.
No me costaría demasiado hacerlo.

—Bueno, eso ya lo veremos. Todavía es mi amigo.

Pero eso no cambiaba nada y de verdad que lo sentía.

No quería que fuera infeliz, pero era por su seguridad.
No dejaría que expusiera su vida ni por todas las amistades de su vida.
Era demasiado importante para mi.

Solo me quedaba esperar que por hoy dejáramos a un lado todo este desagradable asunto.
Aun nos quedaba por delante el interminable domingo, me concentraría en pasar lo que quedaba de fin de semana sin mayores problemas.








Nota
Querida Carla:
Yo estaba ciega y tu me mostraste la luz.
Un millon de gracias por darme la fuerza para seguir con esta historia.

Gracias por tu aporte a este capitulo y a todas tus ideas.
Tu le diste pasión y fuerza.
Gracias.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

por fa realmente escribirían amor eterno ....si lo hacen subalos rapido......xD

Anónimo dijo...

Me gusta lo que escriben,no se desanimen por las criticas que no son constructivas, avemos quienes agradecemos poder leer mas de nuestra historia favorita.

Anónimo dijo...

primero que nada EXCELENTE TRABAJO!!!
Me salvaron la vida!!muchas gracias!!
me gustaría saber cuando publicarían amanecer...
muchas gracias de nuevo ,los felicito y sigan así!!!
babu*

Mariela J. dijo...

Gracias por compartir con los fans este trabajo tan arduo!!! Te felicito, es un aporte realmente maravilloso. Stephenie encendió la mecha y tú continuaste tan respetuosamente su trabajo, realmente te admiro. Nos mantienes pegados al blog!!!!

Anónimo dijo...

Muchas gracias. De verdad he disfrutado la lectura hasta acá y lo pienso seguir haciendo

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