jueves, 24 de marzo de 2011

Conflicto Eterno Cap. 23 Petición


Petición

—Edward —. Dijo nuevamente Bella.

Era la cuarta vez que me llamaba en lo transcurrido de ese día.
La jornada anterior fue en extremo agotadora para ella y había dormido casi todo el día teniendo intranquilos sueños.
En más de una oportunidad desee despertarla pero nuevamente volvía a sumirse en un profundo sueño. Yo prefería que así fuera ya que esa misma noche las prácticas continuarían y seguramente ella querría volver a estar presente.

—Nnn.. No…— Volvió a decir.

Aunque al ver su mal dormir me preguntaba si tal vez no fuera mejor excluirle de tanta violencia.
Pero estaba segura que no accedería.
La noche anterios había aceptado a que Jacob la llevara hasta un lugar seguro donde se quedaría bajo el cuidado de un par de licántropos.
La idea no le había parecido muy buena, seguramente ella prefería la de Jasper y servir de carnada para los neófitos pero algo como eso jamás sucedería.

—La tercera esposa—. Dijo entonces intrigándome completamente.

Desconocía el significado de esas tres palabras pero algo me indicaba que debía estar atento a todo lo que Bella pudiera imaginar, temía que las palabras de Jasper le dieran extrañas e inútiles ideas, ya podía ver que ella no se quedaría tranquila esperando que todo terminara.
No dejaría que Bella se expusiera, debía también protegerla de ella misma.

La tarde siguió avanzando mientras los rayos del sol trataban de filtrarse entre las tupidas nubes hasta que volvió a decir:

—¿Edward? —. Volvió a llamar, pero esta vez parecía que no soñaba.

Su mano se movió palpando la superficie de su cama hasta encontrar la mía, nunca dejaba de experimentar aquella excitante y reconfortante sensación que me producía sentir el contacto de su piel sobre la mía, sobre todo cuando pasaban un par de horas en que no la sentía.
Yo siempre estaba anhelante, ansioso por sentir aquel delicioso calor abrazador que me producía el más pequeño de los roces contra su piel.
Las horas de su descanso eran eternas.
Cada noche me sentaba a contemplarla, a apreciar su fisonomía desde un rincón de su dormitorio, luchando contra el impulso de llegar junto a ella, acercar mi rostro al suyo y besar sus labios y despertarla con un beso lleno de incontrolable pasión.
Estaba parado en la delgada línea que dividía la muerte y la vida de Bella.
No podía darme el lujo de pensar demasiado en las cosas que podrían ser, en las que quería que fueran. Debía enfocarme en las que eran correctas.
Pero sobre todo debía enfocarme en los acontecimientos que estaban prontos a suceder.
Vi entonces que ella y no dormía.

—¿Ahora sí estás despierta de verdad? —. Pregunté para estar cien por ciento seguro.

—Aja —. Confirmó con un delicioso suspiro.

Comenté que no había sido un día de placido sueño para ella y se sorprendió al escuchar que había dormido todo el día, pero había sido una jornada realmente larga para bella y se había ganado un día entero en cama.

—¿Tienes hambre? ¿Quieres desayunar en la cama? —. Pregunté.

Pero Bella rechazó mi ofrecimiento ya que sentía que necesitaba moverse un poco, de ponerse en pie, según sus propias palabras.
Bajamos juntos tomados de la mano, la platica con Alice me había tranquilizado un poco y ahora me podía dedicar a cosas más agradables… Por el momento.

—¡Buf! Vaya pinta que tengo—. Exclamó al ver su reflejo en la tostadora luego de introducir en ella unas rebanadas de pan.

Volví a recordarle que había sido una noche muy larga para ella, que debería haberse quedado durmiendo mientras mi familia y yo nos reuníamos otra vez con los licántropos esa noche.

—Sí, claro. Y perdérmelo todo. Tienes que empezar a aceptar el hecho de que ahora formo parte de la familia—.

¿Cuantas veces Esme y mi familia me habían dicho esas mismas palabras?
Sonreí a esa idea.
Sin duda que habían sido muchas.

—Puede que me acostumbre a la idea—. Respondí demasiado entusiasmado, para mi pesar.

Deseaba no ser egoísta, no debía querer tan intensamente que ella fuera parte de mi familia siendo una más de nosotros, siendo igual a nosotros.
Mas no debía dejarme llevar demasiado, Bella podía vivir un par de años siendo humana aun, nada debía interferir en el plan trazado para ella.
Podía vivir una vida casi normal después de todo, cuando todo terminara, cuando nada ni nadie siguiera nuestros pasos.
Aun lo podíamos lograr, sin Vulturis, sin vampiras sicópatas, sin lobos gigantes, sólo ella y yo viviendo nuestras vidas. Pero quería hacerlo bien, quería hacerlo como era debido, de forma que mis verdaderos padres se sintieran orgullosos de mí.
Por eso pediría su mano, por eso les pediría a todos que se marcharan de caza, les pediría un poco de intimidad para que ninguno de los dos se sintiera cohibido, avergonzado o nervioso. Por lo menos trataría yo de no estarlo.

¿Pero como no estarlo al momento de pedirle al amor a tu existencia que comparta la eternidad contigo?
Era mucho lo que yo pedía, grandes sacrificios tendría Bella que hacer. Renunciar a su humanidad siempre sería un precio demasiado alto tan solo para estar junto a mi.
Alejé aquellos lúgubres pensamientos, el destino no estaba gravado en piedra, no esta gravado en piedra me repetí otra vez.
¿Cuantas veces solía decirme lo mismo? Muchas, de eso no había duda, pero tal vez eran las únicas palabras que me reconfortaban cuando veía mas y mas cerca la oscuridad nublando mi juicio.

Siempre habría una salida, siempre.

En ese momento Bella se llevó una tostada a la boca y entonces vi otra vez el regalo que le había dado su amigo tan sólo la noche anterior.
Jacob Black… Tanto le debía, tanto le volvería a deber.

—¿Puedo? —. Le pregunté señalando la pulsera que colgaba de su muñeca.

Sería él quien llevaría a Bella a una zona segura antes que llegasen los neófitos, de una u otra forma la vida se encargaba que yo siempre estuviera en deuda con él.

—Claro—. Respondió Bella un tanto desconfiada.
Sostuve el pequeño y delicado lobo que colgaba de su nueva pulsera en la palma de mi mano.

Era una figura de madera, un lobo tallado en madera.
En apariencia era algo simple, una simple artesanía, pero yo sabia que era algo más que eso.
Era él, aquella figura que aun poseía el casi imperceptible aroma a pino mezclado con brisa marina, era Jacob, o por lo menos era una personificación de si mismo.
¿Le estaba diciendo que era suyo?
¿Cuanto se demoraría esa insignificante figura en hacerse polvo entre mis dedos? ¿Cuanto se demorarían los huesos de Jacob en hacer lo mismo?
No, no debía ser tan mesquino.
Después de todo, seguramente Bella había recibido ese objeto solo por no herir los sentimientos de su amigo. Esa era la única explicación que podía existir.
Pero ¿Que motivaba a Bella a ser tan condescendiente con él. Por que a él le había permitido hacerle un regalo mientras que a mi o a mi familia nos negaba ese placer en todo momento?

Había tanto que yo quería regalarle entonces y tanto que quería darle aun.

—Así que Jacob Black puede hacerte regalos—. Dije sin ánimo de acusarle.

—Tú me has hecho regalos —. Respondió. Pero pagarle el almuerzo no era aceptados para mi como verdaderos regalos. —Sabes que me gustan los objetos hechos a mano—. Agregó al final.

Tal vez… Umm. ¿Podría ser?

—¿Y qué pasa con los objetos usados? ¿Puedes aceptarlos? —. Le pregunté esperanzado.

—¿A qué te refieres?
Si su repudio era sólo a los objetos nuevos había unas cuantas reliquias que yo podría obséquiale.
Algo más digno y más acorde con su personalidad pero sobre todo con su próximo estatus de futura novia y prometida.

—Este brazalete... —. Dije acariciando su muñeca. —¿Piensas llevarlo puesto mucho tiempo? —. Y Bella se encogió de hombros inexpresivamente como si no hubiese pensado en ello.
Pero yo si lo hacia.
Podía ver que aquel objeto atraería mi atención y la de Bella siempre, veía que sería la silenciosa presencia de Jacob… siempre, en todo momento.
¿No era toda una injusticia?

Pero Bella no era injusta, no realmente. Por el contrario, sólo se preocupa de los demás, se preocupaba de… él.

—Es porque no quieres herir sus sentimientos, ¿no? —.

—Supongo que no—. Agregó ella con la misma inexpresividad.

—Entonces ¿no crees que sería justo que yo también tuviera una pequeña representación? —. Dije inocentemente recordando la joya que conservaba desde hace décadas guardada junto a las pocas joyas que habían pertenecido a mi familia.
No habían falsos propósitos, ni artilugios, solamente el mero deseo de estar presente también ahí cuando ella mirase el lobo de madera.

—¿Una representación? —.

Le dije que sería un amuleto, algo que le hiciera pensar en mi cuando lo viera aunque ella aseguró que lo hacia sin necesidad de tener algo material para hacerlo.
Entonces le pregunté:

—Si yo te diera algo, ¿lo llevarías? —.

—¿Algo usado? —.

—Sí—. Le aseguré. — Algo que yo haya llevado puesto una temporada —.
Ahí junto a las pocas joyas que conservaba, había una que perteneció, en su tiempo, a mi madre. Era una joya de incalculable valor sentimental para mi. Había sido el primer obsequio que le dió mi padre como representación de su amor.
Aquel diamante, sería también mi representación.
Asombrosamente Bella respondió que podría darle lo que yo quisiera, siempre y cuando fuera usado, obviamente.
Me sorprendió su respuesta tan decidida, ¿Hablaba con la misma persona que se había negado tantas veces a recibir un simple obsequio?.
¿Esa fobia hacia los presentes, se aplicaba sólo a mí? Y no pude evitar mostrarle mi malestar frete a su nueva y repentina actitud.

Era realmente toda una injusticia. ¿Acaso todo el mundo podía darle obsequios?

—Me habría encantado hacerte un regalo de graduación, pero no lo hice, porque sabía que te molestaría más que si te lo hacía cualquier otra persona. Es injusto. ¿Cómo me explicas eso? —.

—Es fácil —. Dijo ella encogiéndose se hombros como si fuera demasiado obvio.

Dijo que no había nadie más importante en el mundo para ella que yo. Que el regalo era yo mismo y que era mucho más de lo que ella merecía.

—Cualquier cosa que me des desequilibra aún más la balanza entre nosotros—. Agregó.

¿Que… yo… era su regalo? ¿Acaso hablaba enserio?
¿No comprendía que yo le debía todo? ¿Que era la luz de mis días y mis noches, que era lo único que me mantenía vivo y humano?
¿No sabía que sin ella yo no era nada, que con su respiración bañaba mi duro corazón?.
¿Que sus palabra, que su risa era el bálsamo que suavizaba todas las asperezas de mi mente?.
¿Acaso no sabía cuando la amaba y que le debía todo?
Ella no veía lo preciada, lo valiosa que era para mi, no veía o no quería hacerlo.
Olvidaba también que sólo pesar y dificultades había traído yo a su vida, olvidaba todo, pasaba por algo mis múltiples defectos.

¿Me vería algún día tal y cual era? ¿Se defraudaría si lo hiciera?
Entonces le dije que era ridículo, Bella me sobre estimaba, sin duda que yo no valía tanto como ella creía. Sin embargo no respondió, dio un mordisco a su tostada y comió con calma.

Fue entonces cuando mi móvil sonó. “Alice llamando”, informaba la pantalla.

—¿Qué pasa, Alice? —. Pregunté.

—Es Bella…
No estoy segura, algo pasará, no estoy muy segura. Posiblemente algo trama y creo que no es nada bueno para ella.

—Yo también lo creo —. Respondí contemplando intranquilo a Bella. Alice no hacia más que confirmar mis sospechas. —Ha estado hablando en sueños—.

Como tenía, las palabras de Jasper habían despertado en ella un inútil instinto kamikaze.

—No reconozco el lugar, no sabría decir exactamente en que lugar del bosque ella se encuentra en mi visión, sólo veo que esta perdida, dando tumbos por todos lados.
Creo que lo único que no necesitamos es que Bella se perdierda y se alejase sola y desprotegida—.

Sabia bien a que se refería Alice, si Bella lo hacia, si trataba de alcanzar el prado sería muy posible que los neófitos la encontrasen.
Resoplé pensando en que ahora, tendría que buscar alguna forma de mantenerle segura y sobre todo tranquila… Y volvía a resoplar una vez más ya que sabía muy bien que eso sería casi imposible de lograr.

El loco golpetear del pulso de Bella era más que suficiente para confirmar las palabras de mi hermana.
Traté de leer alguna expresión en su rostro y mientras lo hacía la sangré subió por su rostro hasta pintarlo levemente de rosado.
Su conciencia le estaba delatando.

—Sea como sea—. Agregó Alice. — estoy segura que ella no se quedará quieta y hasta siento pena por los lobos que tendrán que quedarse haciendo de canguro, seguramente les hará pasar un mal rato—.

Eso era muy posible, teniendo en cuenta lo obstinada que era Bella cuando una idea se le metía en la cabeza.

—Te llamo si logro ver otra cosa—. Terminó de decir Alice y dio por terminada la llamada.

“Gracias Jasper”. Pensé. “Muchas gracias de verdad”
Pero comprendía muy bien las intenciones de Jasper, él también, pensaba en lo mejor para la familia, quería lo mejor para Alice después de todo. Él, al igual que yo, protegía a lo más valioso que tenía. No podía culparlo por ello.
Era Bella quien no tenía escusa para hacer, fuera lo que fuera que pretendía hacer.
Nadie corría peligro, sólo ella si pretendía comportarse de forma tan irresponsable con ella misma.

—¿Hay algo de lo que quieras hablar conmigo? —. Pregunté sin poder ocultar mi molestia.

Ella no contestó, no de inmediato. Se quedó ahí, viéndome y luego de un par de minutos lo admitió.
Le gustaba la idea de Jasper y que duro sonaba aquello proveniente de sus propios labios. Un gruñido fue mi única respuesta a sus palabras.
No importaba que ella quisiera ayudar, no importaba que se sintiera impotente hasta lo que se avecinaba. Ella no tenía derecho a poner su vida en peligro, sobre todo por que no seria de ninguna ayuda hacerlo.
Que Jasper pensara que si lo era no me importaba en lo más mínimo.

—Él es el experto—. Dijo Bella.

Le miré conteniendo mi ira.
No permitiría que se expusiera de esa manera o de ningún otra, no importaba quien creyese que hacerlo fuera de alguna utilidad.

—No puedes impedírmelo. No pienso esconderme en el bosque mientras todos se arriesgan por mi—. Contestó ella a mi lenguaje corporal.

Era casi jocoso imaginar que ella podría llegar por sus propios medios al sitio de la batalla. En otras circunstancias posiblemente me habría reído de sus intenciones tan poco realistas.
Alice no le veía en el claro, por su puesto que se perdería. Su sentido de la orientación no era como para fiarse de el. Bella no sería capaz de encontrarnos. Daria tumbos por el espeso bosque hasta perderse completamente.

—Eso es porque Alice no ha tenido en cuenta a Seth Clearwater. Y en todo caso, de haberlo hecho, no habría podido ver nada en absoluto, pero parece que Seth quiere estar allí tanto como yo. No será muy difícil convencerle para que me enseñe el camino—.

Se suponía que el cachorro tenía que quedarse en el lugar convenido. Ese era el acuerdo, Jacob le levaría debido a que su olor era suficientemente pestilente como para neutralizar el efluvio de Bella y ella permanecería oculta, alejada de todo, ese era el plan.
Y Bella tenía razón, Alice recibía solo una fracción de la visión. No solo en eso tenía razón, Seth seguramente sentía la misma ansiedad que el resto de la manada por participar en la batalla, convencerle seria muy fácil para ella, si así lo quería.

Sentía que luchaba contra todo el mundo, Quileutes, neófitos, Vulturis y quien sabía que más había ahí afuera esperando por nosotros, lo único que no necesitaba era su testarudez… Ahora menos que nunca.

¿Que actitud debía tomar? ¿Como abordar su falta de conciencia?
Por que ella estaba tan segura y resuelta? Por que una sonrisa desafiante jugaba sobre sus labios?
¿Me estaba probando?

Por un momento sentí que la frustración se apoderaba de mí, pero respiré hondo. Debía reconocer que el plan de Bella tenía mucho a su favor. Habría funcionado… Si ella no lo hubiera revelado, posiblemente habría funcionado.
Para contra restar sus planes tendría que acudir al macho Alfa, acudiría a Sam.

—Le pediré que le dé a Seth ciertas instrucciones. Aunque no quiera, él no puede negarse a acatar ese tipo de órdenes—.

—¿Y por qué tendría que darle esas instrucciones? ¿Y si le digo a Sam que me conviene ir al claro? Apuesto a que prefiere hacerme un favor a mí que a ti—.

Apreté mis dientes.
Bella no podía hacerme ese tipo de jugarreta.
Era obvio que Sam pensaría igual que Jasper, ella se lo pediría y él aceptaría, de eso no había duda alguna.
Volví a respirar hondo, Bella estaba probando mis límites aquella tarde. Pero había más de una forma de ganar en ese asunto. Y si ella no dudaba en hacer de todo para exponerse, pues yo no dudaría en hacer lo impensable.

—Tal vez tengas razón, pero seguro que Jacob está más que dispuesto a dar esas mismas instrucciones—.

Yo también podía hacer jugarretas.
En la guerra y en amor, en la guerra y en amor.
Todo medio era aceptado si se trataba de mantener la integridad de Bella. Y ese todo incluía a Jacob Black.

—¿Jacob? —. Inquirió sorprendida.

Ella no lo sabía, pero estaba seguro que comprendía que la palabra de Jacob, como la de Sam, debía ser obedecida.

Bella quedó atónita un momento. Al parecer Jacob nunca le había hablado de su posición dentro de la manada y no pasó mucho hasta comprender que si aquello era cierto yo tendría la razón. Jacob tampoco le querría presente mientras destrozábamos a nuestros enemigos.
Era ridículo que lo único que le hiciera desistir de su descabellada idea fuera Jacob, pero dio resultado.
Leí en su rostro la desilusión al ver sus ideas derrumbadas.

¿Como podía molestarme con ella? Sobre todo cuando lucía tan adorable, con sus mejillas sonrosadas y los ojos brillantes por la rabia al verse acorralada.
Y comprendí que efectivamente ella no estaba enterada del lugar que ocupaba su amigo dentro de la manada, su sorpresa era verdadera.
Quedó desarmada. Que Jacob tuviera tal poder entre sus pares le privaba de seguir contando con la ayuda de cualquier licántropo para llevar a cabo su plan.
Bella no quería ser un fastidio, no quería molestarme o a alguien más, ella verdaderamente creía que su presencia seria de utilidad y ella quería hacerlo aun y cuando expusiera su propia vida.
¿Cómo podía disgustarme con ella?... Hacerlo era… imposible.

Sentí el deseo pulsando en mi interior nuevamente, enfrentarme a el era inútil. Me resultaba más fácil encarar sin ayuda alguna a un ejército de nuevos vampiros antes de poder mirarle a los ojos sin sentir el anhelo de sus labios sobre los míos.
Quería atraerla hacia mi cuerpo, posar mis manos en su cintura, atraerla un poco, sólo un poco más hasta fundirme en ella…

Ahí estábamos, Bella confesando sus suicidas planes y yo plantado frente a ella deslumbrado, embobado en extremo.

—Anoche me asomé a la mente de la manada—. Dije de pronto cambiando a un tema más seguro para ambos. No quería volver a discutir pero tampoco quería entregarme a cuantificar la enorme pasión que sentía por ella. Debía distraernos.

Fue fácil cambiar de tema, suprimir mis emociones era más seguro que dejarme llevar por ellas.

Le hablé de la manada, de lo fascinante que era la conciencia colectiva, de la compleja dinámica en la cual convivía una gran cantidad de seres, cada uno luchando inútilmente por mantener su individualidad.
Ella adivinó mis intenciones y me lanzó una colérica mirada, seguía empecinada, no se daría por vencida tan fácilmente, pero yo tenía todo el tiempo del mundo y además, sólo necesitaba las palabras adecuadas para atraer su atención.

—Jacob te ha ocultado un montón de secretos —. Dije esperando que se interesara por este nuevo tema, sin embargo continuó mirándome fijamente sin siquiera hacer gesto alguno. —Por ejemplo, ¿te fijaste anoche en el pequeño lobo gris? —. Agregué, pero aun no era suficiente.

Bella asintió inexpresivamente.

—Se toman muy en serio todas sus leyendas—. Continué tirando el anzuelo un poco más lejos, recordando el descubrimiento de la noche pasada. — Pero resulta que hay cosas que no aparecen en ellas y para las que no están preparados—.

Entonces Bella suspiró rendida y no pude evitar lanzar una carcajada al ver que mi plan había dado resultado.
Había logrado despertar su curiosidad y no me importaba entregarme al cotilleo si eso mantenía la mente de Bella alejada de ideas suicidas.

—Está bien. ¿A qué te refieres? —.

Le hablé sobre la disposición que recibían el cambio cuando les llegaba.
Nunca nadie dudó, nunca ninguno de ellos cuestionó siquiera que sólo los nietos directos del lobo original, tenían la capacidad y el poder de transformarse.

—¿Así que alguien que no es descendiente directo de ese lobo se ha transformado? —.

—No—. Respondí sin dejar de mirarla a los ojos, lo que estaba a punto de contarle le sorprendería indudablemente. —Ella es descendiente directa, hasta ahí va bien—.

Los ojos de Bella reflejaron su enorme sorpresa.

—¡¿Ella?! —.

Leah Clearwater también era ahora una licántropa, una mujer loba y ella, al igual que toda la manada, conocía a Bella.
Como no hacerlo si no habían secretos posibles dentro de la manada. Los pensamientos de Jacob eran los pensamientos de la manada.
Y ellos conocían muy bien a Bella, le habían visto desde múltiples ángulos, desde los innumerables recuerdos de su peludo amigo.

—¿Cómo? ¿Desde cuándo? ¿Por qué no me lo ha dicho Jacob? —. Exclamó Bella.

Pero habían cosas que su amigo no podía compartir con nadie, incluso con ella, hacerlo estaba prohibido.
Quienes formaban parte de su manada, el numero real de individuos. Una orden de Sam era una orden que todos debían cumplir, incluso aunque no quisieran.

Bella estaba sorprendida, le costaba creer en mis palabras, que sabía que yo no le mentiría.

Permaneció en silenció un momento asimilando mis palabras y luego de un momento susurró.

—Pobre Leah —.

¡¿Pobre Leah?! Estaba muy lejos de ser la expresión más adecuada sobre ese asunto.
Ella, al igual que todos estaba resignada a ser lo que era.
Era verdad que tenía sus vergonzosos inconvenientes ser una loba dentro de una manada compuesta en su totalidad de machos, pero ella había encontrado la manera de desquitarse, sobre todo de Sam.
Había ahí una vieja y destrozada historia de amor que llegó drásticamente a su fin al encontrar Sam su pareja.
Era increíble ver el poder que la imprimación ejercía sobre todos ellos.
Por que Jacob Black no se podía imprimar de una vez por todas? De esa forma dejaría de merodear cerca de Bella de una vez por todas.
Por que eso pasaría, Jacob se imprimaría. Podría ser ese mismo día, el día siguiente, no importaba cuando sucediera realmente, Jacob tarde o temprano se imprimaría y cuando eso sucediera se olvidaría de Bella para siempre.

Bella estaba al tanto de eso?
Jacob le había dicho antes de tratar de hacerle la corte a mi prometida.
No, ya lo creo que no.

“Hey Bella, te voy a confesar que estoy enamorado de ti pero sólo hasta que me imprima ya que cuando eso pase ya ni sabré que tu existes”.

Ese era el supuesto amor que él sentía por ella.
Bien lo sabía Leah, casi podía entender su actitud, pero ella también se imprimaría algún día y estaba seguro que hasta entonces continuaría recordándoles su sufrimiento cuando Sam se imprimó de otra.

—Les está haciendo la vida imposible a los demás. No estoy seguro de que merezca tu compasión—. Me limité a contestarle a Bella.

Ella no comprendió mis palabras y le dije lo duro que para ellos el compartir cada uno de sus pensamientos, entonces la mayoría intentaba cooperar con la armonía colectiva y hacer las cosas más llevaderas para todos. Pero tan solo bastaba con que uno de ellos fuera intencionalmente malvado para que todos sufrieran por igual.

—Ella tiene razones de sobra —.

Bella tenía razón, ella tenía razones de sobra. Pero no era culpa de Sam o de cualquier otro.
Siendo yo vampiro había visto cosas increíbles, pero nunca, en todos mis años de existencia había visto algo parecido a la imprimación, me sentía verdaderamente perplejo.
Era toda una sorpresa para mi descubrir que esas criaturas salvajes y descontroladas eran capaces de llegar a sentir un vinculo tan grande con alguien.

—Resulta imposible describir la forma en que Sam está ligado a su Emily. O mejor debería decir «su Sam». En realidad, él no tenía otra opción. Me recuerda a El sueño de una noche de verano y al caos que desatan los hechizos de amor de las hadas. Es una especie de magia. Casi tan fuerte como lo que yo siento por ti—.

Casi…
Ellos ni ninguna otra criatura sobre la faz de la tierra podría llegar a sentir alguna vez lo que un vampiro siente por su compañera… O lo que yo siento por Bella.

—Pobre Leah —dijo de nuevo Bella. —Pero ¿a qué te refieres con “malévolo”? —

Leah no solo les recordaba lo sufrido por Sam, los juramentos que el le profirió, ella también sacaba a flote cosas en las cuales ellos preferían no pensar.

—Por ejemplo, a Embry—. Agregué.

—¿Qué pasa con Embry? —. Preguntó sorprendida.

Le conté lo sucedido con su madre y su posible vinculo sanguíneo con Sam, Jacob o Quil. Se preguntan constantemente cual de ellos tiene un hermanastro.

—Todos quieren pensar que es Sam, ya que su viejo nunca fue un buen padre, pero ahí está la duda. Jacob nunca se ha atrevido a preguntarle a Billy sobre el asunto—.

—¡Guau! ¿Cómo has averiguado tanto en una sola noche? —.

La mente de la manada era fascinante, era algo completamente hipnótico.
Cada mente pensando por separado, captando toda la información que ingresa por los sentidos, cada uno por separado y cada uno compartido toda esa información. Cada pensamiento, cada sensación, cada ruido, cada olor, cada recuerdo…. era increíble, había tanto que leer.
—Sí, la manada resulta fascinante. Casi tanto como tú cuando intentas cambiar de tema—.

Mmm.. ¿Volvíamos a la lucha?
Tal vez podría contarle algunos por menores indiscretos sobre Leah y su transformación y las desventajas de ser mujer… o hembra. Pero no estaba bien yo mismo me había sentido incomodo al leer aquello, no estaba seguro que poder compartido con Bella. Y entonces era oficial, volvíamos a la lucha.

—Tengo que ir a ese claro, Edward—. Soltó sin más ni más mirándome a los ojos.

—No —. Le respondí de igual manera. Nunca permitiría que eso sucediera, eso estaba fuera de discusión, no era algo transable ni mucho menos negociable.

Sostuvo mi mirada un momento, su expresión fue cambiando lentamente hasta que vi la desilusión en su rostro y entonces bajó su mirada.
Le prefería enojada, furiosa si quería, pero no así, no cabizbaja ni taciturna privándome de la luz de sus ojos.
Yo perdía, no ganaba. Si Bella se mostraba desconsolada era yo quien perdía, pero a pesar de eso, no permitiría que ella llevase a cabo su loco plan.

—Mira, Edward —. Susurró Luego de un momento y con la mirada baja. —, la cuestión es ésta: ya me he vuelto loca una vez. Sé cuáles son mis límites. Y si me vuelves a dejar, no podré soportarlo—.

Pude sentir su dolor reflejado sobre mi pecho.
La evocación de ese tiempo hizo que sintiera de pronto el frío glaciar que experimenté cuando me separé de ella. Pero mi dolor no era nada en comparación con el sufrido por Bella, yo le había abandonado, estúpidamente pensando que era lo mejor para su vida, pero de todas formas le había dejado, sola, a merced de nuestros enemigos.
Le había roto el corazón por su bien y nunca podría enmendar mi error, nunca podría borrar todo el dolor que yo le había causado.
Ni mil años serian suficientes para compensar mis estúpidos actos, sin embargo no dejaría de intentarlo.
Cerré la distancia que nos separaba, la envolví con mis brazos y acaricié su bello rostro. Ella nunca volvería a estar sola, nunca más estaríamos separados.
Nada me pasaría en el claro, yo siempre estaría para ella. Bella no debía temer por nosotros, sabía muy bien como luchar contra los neófitos, ellos no eran un peligro para mi ni para ninguno de nosotros.

—Sabes que no es así, Bella. No estaré lejos, y pronto habrá acabado todo—. Le dije suavemente.

—No puedo —. Volvió a decir sin levantar los ojos. —No soporto la idea de no saber si volverás o no. Por muy pronto que se acabe, no puedo vivir con eso—.

Quería que Bella comprendiera, que viera lo realmente sencillo que sería la batalla para mi. No había razón para ella tuviera tanto miedo y estaba seguro que para mi familia también lo sería… O por lo menos quería pensar que eso sucederé
—¿Seguro? —. Inquirió.

—Seguro—. Contesté.

Era increíble lo confiado que sonaba sobre todo aquello. ¿Podría ser que después de tanto repetirle esas palabras salían ahora fluidamente de mi boca?. ¿Me sentía tan seguro?

Posiblemente no tanto ya que no logré traspasarle mi confianza, Bella continuaba desconfiando.

—¿A nadie le va a pasar nada?

—A nadie —. Le aseguré.

—¿Así que no hay ninguna razón para que yo esté en ese claro? —.

En ese momento no fui conciente de lo que estaba por suceder. Posiblemente no lo fui ya que siempre esperé que ella confiara plenamente en mi, en mi familia y en nuestras capacidades.
Fui ciego, pero sólo por que así lo quise.

Esta tan concentrado tratando de calmar sus miedos, contándole lo que Alice había compartido con nosotros sobre los neófitos y lo fácil que seria manejarles que lo vi venir.

—Está bien. Me dijiste que era tan fácil que alguien podía quedarse fuera —. Dijo recordando mis palabras de la noche anterior. —¿Hablabas en serio? —.

—Sí—. Respondí entregándome en bandeja.

—Si es tan fácil —. Continuó. —, ¿por qué no puedes quedarte fuera tú? —.

No estaba preparado para ello.
Si lo estaba para seguir enumerando las razones para que cooperara y se quedara tranquila, alejada en un lugar seguro alejada de todo peligro que no supe como responder.

¿Bella me estaba pidiendo que dejara a mi familia, que no participara en la batalla?.
En ese momento sentí un rayo partiéndome por la mitad. La idea de dejarles no se había cruzado por mi mente, no estaba preparado.

—Así que, una de dos:— Continuó. —O es más peligroso de lo que quieres reconocerme, en cuyo caso será mejor que yo esté allí para ayudar, o bien va a ser tan fácil que se las pueden arreglar sin ti. ¿Cuál de las dos opciones es la correcta? —.

¡Rayos! Por que diablos Bella tenía que ser tan intuitiva.
¿Cual de las dos era la correcta? En cual quería yo creer?

—¿Me estás pidiendo que deje que luchen sin mi ayuda? —.

Mi familia: Alice, Esme, Carlisle, Emmett, pero sobre todo Jasper y Rosalie no me perdonarían dejarles en un momento como el que estábamos prontos a vivir.
La diferencia numérica ya era desfavorable para nosotros, no necesitan uno menos.

—Sí . Eso, o que me dejes ir. Me da igual, siempre que estemos juntos—.

Algo me indicaba que no seria tan fácil, por más que yo quisiera creer en las proféticas palabras de mi hermana, algo en mi interior me indicaba que no debía bajar la guardia, todo estaba demasiado orquestado en nuestra contra, algo podía salir mal.

¿Y si así fuera, con quien debía estar si eso pasaba? La respuesta era muy fácil, la respuesta siempre seria ella.

Tomé su rostro entre mis manos y le obligué a levantar la mirada. Ya nunca más tendría días sin sus calidos ojos, aquellos ojos que eran capaces de reflejarme como el ser que debía ser para ella.

“Siempre que estemos juntos” Había dicho ella. Juntos para siempre quise agregar yo.

Saqué mi móvil y marqué el número de Alice.
Ya podía escuchar los reclamos de Rosalie martillando mi cabeza y la desaprobación de Jasper, pero Bella me había entregado las dos opciones que podía soportar y yo elegía estar con ella, nunca más le dejaría, mi familia tendría que comprender
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