miércoles, 29 de septiembre de 2010

Noche Eterna Cap.1 El Verano

Verano


Los días que siguieron al baile fueron simplemente perfectos. La primavera estaba llegando a su fin y pronto empezaría el verano.
—Creo que ya es hora de que me saques esto— Le había dicho un día a mi padre, mostrándole su pierna.
Después de pensarlo un momento, el accedió y así terminó su convalecencia.
En esos días Alice práctica mente vivía en casa de Bella. De verdad que era un tanto irritante. Charlie le tenía mucho cariño y su cara siempre se iluminaba cuando le abría la puerta. Ya quisiera yo que fuera lo mismo para mi.
Alice hacía las veces de enferma y le ayudaba a tomar sus baños diarios. Le había pedido, le había rogado que no lo hiciera.
— ¿Le pediste a Alice que no me mirara? —
— ¿Como te iba a mirar a los ojos, después de espiarte? —
— ¿Eso quiere decir que nunca lo hiciste? —
— ¿A que te refieres? —
—Ya sabes, cuando estaba en el hospital y todo eso—
—Bueno Bella te explicare. Para mi ya es demasiado con tener tu recuerdo en mi boca, creo que no podría soportar tener tu recuerdo en….Tu sabes a lo que me refiero—
El silencio se sintió entre nosotros.
— ¿Tu creías que te había espiado? —



—Bueno he tratado de no pensar en ello. Creo que estaba resignada—
—Jamás te faltaría el respeto de esa manera—. Le dije solemnemente
—De eso estoy mas que segura—. Se quejó entre dientes
Contrario a lo se creyera, ese verano fue inusualmente lluvioso. Lo que nos permitió disfrutar con plenitud los días. Cuando el sol brillaba, solíamos pasarlos en nuestro prado, escondidos de todos y de todo.
Solo una cosa empaño mi felicidad ese verano. Lamente terriblemente la partida de Emmett y Rosalie. Se dirigirían a África. El estaba loco por cazar algunos leones y leopardos. En realidad solo lamentaba la partida de Emmett, se había encariñado mucho con Bella. La encontraba muy graciosa y al parecer ella también le tenía cariño, pero con Rosalie la situación era distinta.
—No pienso quedarme aquí mientras ella entra y sale como si esta fuera su casa—
—Pero si lo es Rosalie—. Le había dicho mi padre. —También es su casa—.
—Pues bien, entonces me marcho—
—Rosalie, por favor— Le rogaba Esme. —Las cosas no tienen que ser de este modo. Emmett por favor… —
Pero el y todos sabían que no había nada que pudieran hacer. Rosalie había tomado la decisión y nada la haría cambiar de idea.
Claro que Emmett la siguió, eran inseparables, se amaban. No sabía como alguien podía amar a Rosalie, pero lo hacía.
—Cuida a nuestra pequeña Bella. Me dijo antes de marcharse—.
—Rosalie, no sabes cuanto lamento que las cosas sean de esta manera, pero la amo. Es todo lo que puedo decir—. Le dije antes de marcharse.
Pero ella nada dijo y en su mente no existían reproches, solo tristeza. Ya nos extrañaba.
A Bella nada de esto se le contó, era innecesario. Solo le dijimos que estaban de viaje y punto. Claro que con los meses, el viaje se fue alargando y alargando, pero ella nunca dijo nada, ni volvió a preguntar por ello.
Ese verano también tomé mi decisión. Creo que había logrado mantener el deseo a raya. Existía un límite que no me permitía cruzar. Hacerlo sería una estupidez. Bella solía no poner ningún tipo de problema cuando rompía su abrazo o me separaba rápidamente de sus labios, pero claro, no siempre era así.
—Quisiera que por una vez dejaras de ser tan estricto con esto de mi proximidad—.
—Bella, es la única manera—. Le había contestado sujetando sus muñecas, lejos de mi cuerpo. Su contacto resultaba ser una tortura. No podía evitar anhelarla.
—Por favor, no me hagas las cosas mas difíciles. Si supieras cuanto te deseo…—
Y me perdía nuevamente en sus ojos. Ella aprovechaba cualquier muestra de duda en mi rostro y saltaba sobre mi nuevamente. Me sentía embriagado de sus besos. Su mano se metía debajo de mi camiseta y no podía evitar dar un saltó al contacto de su ardiente palma. Con rapidez la sostenía nuevamente por los puños y volvíamos a empezar con la discusión.
Pero resistirme a ella siempre me llenaba de dolor. Con el tiempo me costo menos ser inflexible pero el deseo no disminuía, quemaba siempre de igual manera.
Y de esta manera transcurrió el verano. Entre caminatas tomados de la mano, de visita en casa de mis padres o de paseo en las ciudades aledañas. En muchas oportunidades la invitaba a Port Angels a ver alguna película, claro que yo siempre la veía a ella, o a cenar a algún restaurante. Ella siempre protestaba, decía que no era justo que malgastara mi dinero, si al fin y al cabo yo nunca comía, pero me gustaba darle todo y de todo lo mejor. De ser por mi ya habría cambiado su viejo coche hace mucho tiempo, pero Bella se negaba rotundamente. Cuando comenzaron nuevamente las clases se le metió entre ceja y ceja que quería trabajar para tener dinero para el coche y todos los gastos. Trate de convencerla que yo podía hacerme cargo de todos sus gastos y que también correría con los gastos de
la Universidad, que ya debíamos ver este semestre, pero argumentaba que sería imposible explicarle eso a Charlie.
— ¿Y que le voy a decir a Charlie por tu regalo, me puedes decir? — Era siempre su defensa al hablar sobre un coche nuevo.
—Le podemos decir que te lo ganaste en una rifa—
— ¿Y quien la organiza, si se puede saber? —
— ¿Mi padre? —
—Edward, eso esta fuera de discusión. Por favor no empieces de nuevo. Mira el coche viene con migo, si no aceptas mi coche entonces…—
Eso era cierto, ¿Como explicaría que su novio le regala una tarjeta de crédito y un auto nuevo? A el seguramente tampoco le haría mucha gracia.
En fin, estaba seguro que no existirían muchas posibilidades de encontrar trabajo en un pueblo tan pequeño como Forks, pero estaba equivocado y fue en la tienda de deportes local, que para mi desagrado pertenecía a los padres del blandengue Mike Newton, que encontró trabajo. A si que no solo tenía que soportar que estuviera lejos de mi tres veces por semana después del Instituto, si no que también tenía que aguantar que aquel estúpido anduviera tras de ella como una mosca.
Lo único bueno de todo esto es que estaba ahorrando para la universidad, claro que yo no dudaría en ayudarla, anónimamente claro esta, a que entrara en la universidad que mas nos conviniera y digo “nos” porque pretendía ir con ella, ojala a alguna lo mas al norte posible, pero de eso aún no hablábamos mucho. Quizás mas adelante, tenía otras cosas en mi mente. Por ejemplo que se acercaba su cumpleaños y me había obligado a no comprarle ningún presente.
—Escúchame Edward y escúchame bien. NO…QUIERO… REGALOS—
—Pero Bella, se supone que de eso se tratan los cumpleaños—
Y de esa postura nadie la sacaba, estaba tercamente obstinada.
—Edward,— Me dijo dulcemente un día que tratábamos nuevamente este tema. — ¿De verdad quieres hacerme un regalo?—
Sus ojos me miraban dulcemente, y no pude comportarme con un tonto.
—Pues claro que quiero amor, no sabes lo feliz que me haces. He pensado en algunas cosas que me gustaría regalarte…—
—Si quieres hacerme algún obsequio, existe una cosa que quisiera que me des—
—Claro dime, lo que tu quieras—
— ¿Lo que yo quiera? Hay algo que deseo hace mucho. Y como es mi cumpleaños…—
Tome sus manos entre las mías esperando sus palabras. Por fin me dejaría darle algo.
—Quiero… quiero ser como tu. Quiero que me transformes. —
Demasiado tarde comprendí su truco, y como un pez en una red había caído.
—No, no eso esta fuera de discusión. ¿Como puedes hacerme esto Bella, acaso no me amas? —
—Claro que te amo. ¿Es que no puedes entender que quiero estar a tu lado siempre?
—Pero si siempre estaremos juntos tontita—
— ¿Así? ¿Y que pasará en unos veinte años mas? ¿Pretenderás ser mi hijo para poder vivir juntos? ¿Y cuando sea una anciana me darás mis medicinas y deberé llamarte nieto? Comprende Edward, no estoy dispuesta a pasar por ello—
—Amor, solo cumplirás 18, no es tan grave—.
—No lo es ahora, pero lo será Edward, por mucho que me ames no puedes detener el tiempo humano, solo existe una forma de hacerlo—
—Eso esta fuera de discusión. Ni siquiera se por que estamos teniendo esta discusión—.
—Edward Cullen. Si no puedo tener lo que quiero es mejor que ni se te ocurra saludarme ese día. ¿Soy lo suficiente mente clara para ti? —
—Si, lo suficiente—. Le dije muy molesto. Y así fue como perdí esa batalla.
Ella tenía razón, el tiempo no perdonaba y pronto llegó el otoño. ¿Porque las horas o los días felices se desvanecen tan pronto y los de agonía perduran pareciendo eternos? 


Link del  siguiente capítulo
Cap. 2 El Desastre


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