sábado, 5 de febrero de 2011

Conflicto Eterno: Cap. 8 Anticipación

Cap. 8 Anticipación 

Era exquisito sentir nuevamente su aroma limpio emanando de su cuerpo.
Besé su cuello inspirando profundamente al mismo tiempo que Bella se estremecía levemente.
No debí hacerlo, era demasiado tentador para mi.
El olor de su sangre y las reacciones de su cuerpo.
Un tormento peor que el otro, igual de fuertes, igual de poderosos.
Me sentía embriagado por ese bombardeo de sensaciones reprimidas. ¿Hasta cuando podría aguantar?
Esperaba que el suficiente.
Pero era mejor no tentar a la suerte ni a mi tan escaso autocontrol y de esa forma logré dejar atrás ese horrendo día. Llego la noche y luego un nuevo día.
El tiempo seguía su marcha, inclemente, imparable, avasallador. Sin dar tregua otra semana comenzaba, una menos en la cuenta regresiva.

Carlisle comentó que en el Lassan Nacional Park, reserva que se encuentra al norte de California, algunos turistas habían sido atacados por un animal salvaje. En primera instancia creyó que podría tratarse de algún neófito demasiado hambriento, pero los reportes informaban que el culpable era sólo un puma.

Como todos habíamos tenido que abandonar la última cacería, él y mis hermanos decidieron viajar para terminar con el problema.
Nada mejor que un puma salvaje para entretener a un grupo de vampiros aburridos.

La idea era muy tentadora, mi tercera semana de ayuno se estaba haciendo muy pesada y agotadora.
Sin embargo no podía, ni tenia intención de separarme de Bella, sabía muy bien que haría cuando me encontrara lejos de ella.
Estaba decidido a controlar mi ansiedad, pero me sentía aprensivo cada vez que pensaba en Bella junto a ese chucho que tenía por mejor amigo.

Los humanos dicen que el perro es el mejor amigo del hombre, pero no era lo mismo cuando el perro tenía intenciones románticas.
De todas maneras no debía seguir siendo la sombra de Bella, debía darle un poco de espacio si quería que siguiera manteniendo intacta su humanidad. Pero era ridículo para mi el pensar que la única manera de hacerlo era permitiéndole convivir con el peligro directamente.
Absolutamente incoherente para mi o para cualquiera que pudiera verlo realmente.

Sabía que era cuestión de tiempo para que eso sucediera, tarde o temprano debería alejarme para poder alimentarme, estando cerca de ella, hambriento como me encontraba, sólo era yo el más peligroso de todos.

Debería tomar todas las medidas que estuvieran a mi alcance para evitar que repitiera algo tan arriesgado nuevamente.
Conocía la persona adecuada para un trabajo como ese y también conocía la motivación adecuada para convencerla de hacer un trabajo tan poco ético como ese.

Una tarde lluviosa, luego de dejar a Bella en la tienda de los Newton tomé la carretera que conducía a Port Angeles.
Disponía de sólo unos días para encontrar el soborno adecuado.
Estaba seguro que Alice no despreciaría la tan convincente manera con la cual pedía su ayuda.
No podría rechazar mi solicitud a si como yo no podría contar con el elemento sorpresa, ella me esperaba a las afueras de la ciudad.

—Es completamente inescrupuloso de tu parte tramar algo como eso… Pero has comprado mi moral a si que no perdamos más tiempo—. Me dijo cuando se montó en el coche.

—Pensé que serias fácil de convencer pero la verdad es que no esperaba que lo fuera tanto—.

—¿Estas loco? No podría decir que no.
De todas maneras me comprenderas cuando lo manejes.
Pero no creas que lo haré sólo por el extraordinario regalo que estas pensando en comprarme, no señor, no soy tan interesada.
La verdad es que a mi también me pone nerviosa el que Bella desaparezca de mi radar, es… desesperante—.

—Y que me lo digas—. Le dije haciendo una mueca de dolor.

—Si, pero espero por el bien de todos nosotros que te controles la próxima vez—.

—Por favor Alice, no quiero volver a hablar sobre lo mismo—.

—Tienes razón.
Entonces dime que es exactamente lo que tienes en mente—.

La tarea de Alice era simple.
Solo debía cuidar a Bella el próximo fin de semana

—¿A que refieres con “cuidar”?—. Preguntó un tanto recelosa.

Y esa respuesta era muy fácil en realidad.
Bella debía estar constantemente bajo su mirada vigilante.
No debía dejarla sola por ningún motivo.
Alice se encargaría de acompañarla a todas partes y cuando Bella se encontrará trabajando también debería estar vigilante en los alrededores por si los lobos subían a la cuidad, sobre todo uno en especifico.


—Es un poco extremo de tu parte pero acepto, de todos modos no tenia planes para este fin de semana—.


La lluvia había amainado cuando llegamos a Raddall auto Mall en Port Angeles y luego de desembolsar una suculenta motivación nos aseguraron que un par de días tendrían disponible para nosotros el despampanante modelo que tanto había fascinado a mi pequeña hermana en Italia.

Ella daba pequeños saltitos mientras caminábamos hacia el coche.
Me complacía que fuera feliz, no debí pedirle nada a cambio, de todas maneras se lo debía por todo lo que ella había hecho por mi.

—¿Sabes? Estoy pensando que sería mejor que Bella se quedara con nosotras este fin de semana. Ya sabes que estaremos solas en casa y creo que a ella lo pasaría muy bien.
Sería algo así como una pijamada…. Si, que genial idea, será nuestra primer pijamada, que emoción, podremos ver películas, le daré unos masajes capilares, creo que le hace falta un poco de brillo a su pelo. Eso es fácil de arregl……—


Y así Alice se volvió prácticamente loca pensando en una y otra actividad que podría hacer ese fin de semana.
Por un momento sentí verdadero miedo por mi querida Bella. ¿Como reaccionaría ante tanta atención?.
No muy bien, eso era seguro.


—¿Para!—. Gritó de pronto Alice.


En realidad fue un descanso que dejara de hablar de cremas y lociones, para mi eran simples perdidas de tiempo.
Sabía que Bella no necesitaba nada de eso para oler como lo hacia y que su piel era la más suave.

—Tengo que comprar algunas cosas para la pijamada.
Será mejor que no me acompañes, quiero que se vea como nueva cuando vuelvas—. Me dijo antes de entrar a una tienda.

Le había dado la excusa perfecta para desatar su lado consumista.
Seguro que demoraría todo lo que nos quedaba de tarde comprando cosas extrañas.

Bajé del coche para recordarle que debíamos volver pronto y al pasar frente a una tienda de antigüedades vi algo que llamó mi atención.

En realidad la cama en si misma no era una antigüedad, sabía reconocer muy bien cuando tenía delante de mi una, pero no me importó que el hombre fingiera que así era.
Era una pieza muy hermosa, tenía una hermosura antigua, algo que en esos días era muy difícil de encontrar.
Pude ver en su mente que no mentía al decir que se trataba de una pieza única, traída desde el extranjero.
Por un momento pude imaginar a Bella recostada en esa cama King size y la idea de que ella estuviera en mi dormitorio era completamente perturbadora.

Necesitaba una cama si pretendía que ella pasará el fin de semana en casa, no le obligaría a dormir en el suelo con un saco de dormir, como lo hacen los niños en las pijamadas.

Me sentí motivado repentinamente, adquirirla sería un acto sumamente humando, demasiado intimo entre una pareja y yo estaba haciendo eso mismo. Comprando una cama para Bella, para nosotros.
Y aunque sólo durmiera en ella un par de noches para mi significaría mucho.

Sonreí ante esa posibilidad, todas mis fantasías siempre tenían lugar en su habitación y ahora estaba divagando con una enorme cama matrimonial.
Debía estar completamente loco.
Loco y enamorado.

Di las indicaciones para que la llevaran a casa de mis padres y fui de una vez por Alice.
Estaba seguro que tendría que recurrir a la fuerza bruta para sacarla de la tienda.

—¿Me dejaría ayudarte con la ropa de cama?— Preguntó mi hermana cuando la dejé en casa.

—Esta bien, pero nada muy ostentoso por favor—.

—No te preocupes, deja todo en mis manos—.

Y aunque eso podría perfectamente interpretarse como una amenaza viniendo de ella, supe que no había motivos para preocuparme.


Carlisle decidió a adelantar la expedición por las constantes suplicas de mis hermanos.
Se encontraban demasiado hambrientos e irritables.
Accedí yo también al cambio de planes pero les pedí un par de días para dejar todo listo para Bella.
Nadie dijo nada.
Nadie rió de mis planes ni de mis artimañas, ellos sentían que de una u otra manera en esta oportunidad estaba haciendo lo correcto.
A nadie le hacia gracia que Bella corriera por la reservación al lado de los licántropos.
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