lunes, 31 de enero de 2011

Conflicto Eterno: Cap. 5 Al Descubierto


Al Descubierto
El viaje de regreso fue silencioso, eso me permitió divagar.
Traté de pensar que no todo estaba perdido.
Victoria estaría muy asustada como para volver.
Creo que una jauría de licántropos y todo un aquelarre serían motivos suficiente como para espantar a cualquiera, o por lo menos por un par de años.
Y cuando volviera, tal vez ya no estaríamos en Forks.
Sin duda que no se daría por vencida, yo nunca lo haría de estar en su lugar.
Pero tendríamos tiempo suficiente.
Tiempo para que Bella viviera, tiempo para soñar.

Contemple a Bella que miraba por la ventanilla del avión, pensando, soñando con los ojos abiertos.
Aun estaban un tanto inflamados a causa de las lagrimas derramadas por la separación de su madre.

—No estés triste—. Le dije cariñosamente.

Ella me miró unos momentos pero mantuvo el silencio. Acarició mi brazo en señal de respuesta y volvió a mirar por la ventanilla.

Me contuve se preguntar el motivo de su silencio, había motivos de sobra para estar triste sobre todo por los acontecimientos próximos.
Quería decirle que no había motivo para estar triste, que podría ver a su madre cuantas veces quisiera, pero creo que comprendía muy bien que si se empeñaba en mantener su decisión tal vez esta fuera la última vez que le viera.

Click clock, click clock… el reloj no paraba en su inclemente paso.
A cada segundo a cada hora estábamos más cerca.
No me sentía estúpido al creer que las cosas podría cambiar, siempre habría una ventana.
La graduación sería en un par de días, luego la universidad… nuestro matrimonio…. Aunque debo admitir que me encantaría alterar el orden de los últimos ítem a discutir.
Solo había una cosa que no transaría nunca y esa era su humanidad.
Iniciaríamos nuestra nueva vida, esta vez alejados de mi familia.
Comenzaríamos nuestra propia historia llena de vivencias humanas para Bella, llena de nuevas sensaciones, de nuevas experiencias.
Yo estaría a su lado, oculto en los días, viviendo en la oscuridad pero feliz de estar a su lado por todos los años que ella quisiera.

Ya sabría yo como enfrentar mis propios demonios, lucharía sin tregua contra mis necesidades, contra mis deseos.

Sueños, sueños, sueños. Sueños de hombre enamorado, esperanzas sin fin.


Las interminables horas de vuelo quedaron atrás y nos encaminamos en la carretera rumbo a nuestro hogar, a la realidad.

Atrás quedó Seattle, atrás el gris de la ciudad, el ruido, las miles de voces haciendo eco en mi mente y poco a poco todo se fue pintando de verde, pequeños fragmentos en un comienzo para luego transformase en una gran maza de árboles de todas las especies y tonalidades. Árboles de diferentes alturas y formas.



Entonces la curiosidad por el extraño mutismo de Bella fue más grande que mis ensoñaciones, que mis tontas esperanzas.


—Llevas mucho tiempo callada—. Le pregunté. —¿Te has mareado en el avión?—.

—No, me encuentro bien—.

Había pensado que la despida le había entristecido pero dijo que se sentía más aliviada que triste.
No comprendí el significado de sus palabras y le miré fijamente mientras trataba de comprender a que se refería.

—Renée es bastante más... perceptiva que Charlie en muchos sentidos. Me estaba poniendo nerviosa—.

Reí por su comentario tan acertado.
Su madre poseía un mente singular, sin duda muy interesante. Contrastaban en ella la perspicacia e intuición con un marcado toque infantil.
Esto le permitía ver las cosas de una forma diferente, cosas que el resto simplemente pasaba por alto.
Claro que aquello solo se logra cuando algo le llama profundamente la atención, tal y como lo habíamos hecho nosotros ese fin de semana.

El cielo lentamente fue cubierto por nubes, señal inequívoca que pronto llegaríamos.
Apague el motor y estacioné detrás del coche de su padre.
Mis dedos se deslizaron por su mejilla acariciando su cálido y suave rostro, sacándola de su ensueño, me miró con los ojos brillantes y me incline levemente sobre ella para besar su frente.

—Hemos llegado a casa, Bella Durmiente—. Le dije suavemente. —Hora de despertarse—.

Su padre esperaba por nosotros, había en él un rastro de impaciencia, nerviosismo.
Al parecer algo había sucedido esa mañana, algo que le hacia muy feliz.
Baje del coche y caminé humanamente hasta la puerta del copiloto mientras me concentraba en la mente difusa de su padre.
Y ahí estaba la causa de esa esperanzada alegría.

Abrí la puerta tratando de relajar mi cuerpo que se había vuelto repentinamente rígido.

—¿Pinta mal la cosa?—. Preguntó Bella al bajar del coche.

—Charlie no se va a poner difícil—. Le contesté haciendo un esfuerzo por no rechinar los dientes. —Te ha echado de menos.—

Cargué su bolso de viaje, a pesar de sus protestas, hasta la entrada y su padre nos dio la bienvenida…literalmente.

—¡Bienvenida a casa, hija! ¿Qué tal te ha ido por Jacksonville?—. Dijo eufóricamente.

Bella le comentó sus impresiones sobre la cuidad y me sumergí en la mente de su padre tratando de ver algo más.
Por su parte él no dejaba de lanzarme miradas nerviosas, no sabía realmente como tratarme, luchaba por dejar de tratarme como un patán pero supongo que nunca podría perdonarme completamente por lo que le había hecho a su hija.
Aun guardaba la esperanza de deshacerse de mi.

—¿Te lo has pasado bien?—. Dijo luchando en contra de la costumbre de ser gratuitamente grosero.

—Sí —. Le contesté. —Renée ha sido muy hospitalaria—.

—Esto..., hum, vale. Me alegro de que te divirtieras—. Agregó para luego abrazar a su hija nuevamente.
Estaba realmente feliz de que volviera.

—Impresionante —. Susurró Bella mientras aun le tenía abrazada y él rió de buena gana diciendo que le había extrañado, sobre todo a sus habilidades culinarias.
Y entonces le dijo:

—¿Podrías llamar a Jacob lo primero de todo?—

El chico llevaba llamando cada cinco minutos desde esa mañana.
Charlie estaba intrigado y entusiasmado con la idea de que por fin estuviera en contacto con Bella nuevamente.
Albergaba esperanzas de tenerle como hijo político.

—Le he prometido que haría que le llamaras antes de que te pusieras a deshacer la maleta—.

Pensé que solo una cosa podría querer con tanta urgencia Jacob Black y esa era contarle todo lo que había sucedido ese fin de semana.
No lograría nada con eso, solo asustarla. Ella jamás estuvo en peligro realmente. No junto a mi.
No lo estaba ahora y nunca lo estaría nuevamente.

Me concentré en mantenerme sereno, ocultando mi rabia, deseando que él dejara de entrometerse en nuestros asunto.
¿Acaso no comprendía que ella era mi? ¿Que era a mi a quien amaba?
No, supongo que no lo hacía, los perros nunca han sido muy inteligentes después de todo.
Se les puede enseñar unos cuantos trucos pero nada más que eso.

—¿Jacob desea hablar conmigo?—. Le preguntó un tanto incrédula y su padre le prometió que así era, que él deseaba hablar con ella con toda su alma.


—No ha querido decirme de qué iba la cosa, sólo me ha dicho que es importante—.


¡¡Maldito Jacob Black!!

Entonces el teléfono sonó y su padre apostó que era él nuevamente.
Bella se encaminó rápidamente hacia la cocina para contestar el supuesto llamado de Jacob.
Le seguí resignadamente. De todas maneras no era probable que le contará nada esa noche.


El corazón de Bella comenzó a latir rápidamente y aunque estaba de cara a la pared no era difícil adivinar la expresión en su rostro.
Nunca terminaría de comprender como podía estar tan fuertemente unida a esa pestilente criatura.

Me apoyé en el marco de la puerta, prestando atención al lenguaje corporal de Bella.
Se veía nerviosa, intrigada tal vez por las insistentes llamados.


—Porque llevo en casa exactamente cuatro segundos y tu llamada interrumpió el momento en que Charlie me estaba diciendo que habías telefoneado—.

No estaba bien de mi parte el espiar la conversación de Bella de esa forma, pero no podía hacer nada para evitarlo. Además me alegró el tono que utilizó Bella para demandar las razones por la cuales él atosigaba a su padre.

Sabía que si me acercaba un poco más sería fácil escuchar la voz del maldito perro al otro lado de la línea pero no estaba bien que la espiara de esa forma.
Pero sin poder evitarlo mis pies se adelantaron y terminé por escuchar claramente la voz de Jacob.

—Necesito hablar contigo—.
Respiré hondo, evitando que un gruñido subiera por mi garganta.

—Seguro, pero eso ya lo tengo claro. Sigue—. Le contestó Bella un tanto enfadada y eso me tranquilizo.


—¿Vas a ir a clase mañana?—. Preguntó el chico después de un corto momento.

—Claro que iré, ¿por qué no iba a hacerlo?—.

Ni idea. Sólo era curiosidad—.

La pregunta casi inofensiva tensó mi cuerpo por completo. ¿Por qué se interesaba por ese común acto. Por que no asistiría al instituto?
Estábamos en los finales, solo faltaría si se encontrara incapacitada de hacerlo y ese no era el caso.
Amenos que él pensara que así era.

—¿Y de qué quieres hablar, Jake?—. Preguntó Bella pero escuche como dudaba antes de contestarle.


—Supongo que de nada especial. Sólo... quería oír tu voz—.

—Sí..., lo entiendo... Me alegra tanto que me hayas llamado, Jake. Yo... —. Entonces fue ella quien dudó ahora. ¿Lo hacia por mi, por mi presencia? ¿Que le habría dicho si yo no me encontrará ahí casi junto a ella?

Solo eran estúpidos celos, no me permitiría tener esos sentimientos y menos a causa de un chucho.


Pero algo me decía que había otro tras fondo en el llamado.
Él sabría que yo estaría ahi, Bella le había dicho que acababa de llegar.
¿Era con ella con quien realmente quería hablar?

—He de irme—. Agregó de pronto al otro lado de la línea.

—¿Qué?—. Dijo Bella escépticamente.

—Te llamaré pronto, ¿vale?—

—Pero Jake...—.

Y él cortó el teléfono.
Bella se quedó ahí, con el auricular en las manos sin poder dar crédito al tono de escucha.



¿Que era lo que Jacob quería?
De todas formas solo había una respuesta lógica.
Seguramente quería echar por tierra todo lo elaborado ese fin de semana, todo.

—¿Va todo bien? —. Pregunte con desconfianza en voz baja.

Ella giró lentamente hacia mi.

—No lo sé. Me pregunto de qué va esto—. Su expresión era desconcertada.

—Tú tienes más probabilidades de acertar en esto que yo —. Le dije tratando de sonreír un poco.

—Aja —. Contestó levemente.

Me acerque a la encimera sin perderla de vista por un minuto.
Podía ver que su cerebro ya comenzaba a buscar alguna explicación al actuar de su supuesto amigo.
Ella le conocía mejor, tal vez logrará ver el trasfondo del extraño llamado.
Luego se movió por la cocina de aquí para allá preparándose para comenzar a elaborar la cena para su padre.
Extrajo un paquete del refrigerador y a medió camino se quedó inmóvil, entonces de su dedos se escurrió el paquete como si se tratara de una sustancia liquida.
Lo atrapé antes de que se estrellara contra el piso y lo tiré sobre la encimera.
Tomé a Bella en mis brazos y le sujeté fuertemente envolviéndola casi completamente mientras mis labios tocaban su oído y le preguntaba que era lo que iba mal.
Pero ella no contestó y solo negó con la cabeza.
Permaneció así sin decir nada.
Su pulso estaba acelerado producto del miedo o de lo que fuera que sentía en ese momento.
¿Que era lo que había comprendido?.

Que él no le hubiera contado en ese momento no significaba que no lo haría en el futuro. ¿Esperaría a que me marchara?
Sin duda que no se presentaría en la ciudad, el tratado se lo impedía.
Solo una vez había vuelto y eso fue en calidad de portavoz de la manada.
¿Que tenía que ver esto con la asistencia de Bella el día de mañana? ¿De eso se trataba?

Bella permanecía enmudecida y le sacudí levemente por los hombros. Debía saber lo que estaba pensando.

—¿Bella? —. Dije ansiosamente.

—Creo... creo que simplemente estaba haciendo una comprobación. Quería asegurarse de que sigo siendo humana, a eso se refería—.

Maldito perro, siempre inmiscuyéndose en nuestros asuntos y me fue imposible controlar el gruñido de mi pecho.

—Tendremos que irnos—. Susurró suavemente—. Antes. De ese modo no se romperá el tratado. Y nunca más podremos regresar—.

Mi felicidad, mi futuro dependía complemente de mis enemigos, de mis vigilantes.
Le apreté un poco más a mi cuerpo.

—Ya lo sé—. Tendríamos que marcharnos, se fugitivos por siempre y nunca más volver.


—Ejem —. Dijo su padre desde la puerta de la cocina.

Bella pegó un pequeño salto en mis brazos.
No le había escuchado acercarse. Me encontraba tan absorto en mis pensamientos que me había sorprendido.
Me recliné nuevamente contra la encimera haciendo todo lo posible por controlar el odio que sentía en ese momento.
Odio por Jacob Black y por todos lo Licántropos que no dejaban de entrometerse en nuestros asuntos.

—Si no quieres hacer la cena, puedo llamar y pedir una pizza —. Sugirió su padre.

Pero Bella respondió que no habría problema, que la estaba preparando.

Esa noche me retiré antes de la cena, no sin antes prometerle que volvería en un par de horas.
Besé sus labios unos segundos mientras su corazón dejaba de latir y fui rumbo a casa.
Debía hablar con mi familia.



Alice dijo que Carlisle habló con el macho Alfa…Sam, luego del altercado de Emmett y el Licántropo.
Tratando de evitar que estallara la batalla.
Jasper controló los ánimos de todos y logró manejar la situación, gracias a él todos estaban ilesos.

Carlisle les recordó nuestro estilo de vida y ambos coincidieron que el único vampiro peligroso en ese momento era Victoria y ella se encontraba ahora en la reservación.
Emmett y Jasper solicitaron permiso para cruzar y darle caza pero los muy estúpidos se negaron.
Entonces se desconocía el paradero de Victoria aunque seguramente ya se encontraba a kilómetros y kilómetros de distancia, sin intenciones de volver en un muy largo tiempo.


Lo único que se había herido ese fin de semana había sido el orgullo de mi querido hermano.

—He apestado un día completo—. Dijo cuando le pregunte sobre el asunto. —No había sido mi intención aterrizar sobre un chucho hediondo pero por lo menos amortiguó el buen golpe que me hubiera dado—. Continuó bromeando. —Rosalie ha usado todas las fragancias que tenia en el baño pero el olor no se iba. Ha sido un verdadero fastidio.
Si tan solo hubieras estado aquí Edward, a sido lo mas emocionante que he vivido en muchos años…. Haaa—. Dijo suspirando. —Nada como una buena casería—.


—Me alegra que te diviertas en mi ausencia. Pero creo que Rosalie no lo ha pasado tan bien como tu—.

—Es verdad. Compruébalo tu mismo—. Dijo Rosalie mientras me mostraba su desesperado recuerdo.

Vi en su mente la alegría de la caza transformarse en un angustiante deseo protector hacia mi hermano.
Emmett corría delante de ella, Victoria lo hacia solo unos metros delante de él.

—No es junto Rosalie, yo quería mostrarle—. Se quejó Emmett en ese momento.

—Esta bien, quiero ver exactamente lo que ha pasado—.

Cerré mis ojos mientras sus mentes me entregan la misma escena desde diferentes perspectivas. La inconciencia de mi hermano, la desesperación de Rosalie.

Emmett decía la verdad, estuvo solo a medio de metro de alcanzar a Victoria, ella salto de pronto sin que Emmett alcanzara a cambiar el curso de su salto.
Rosalie por el contrario lo vio venir pero ella se encontraba detrás de mi hermano, sin poder hacer nada.
Pero si logro defenderle cuando el licántropo se mostró amenazador.
Emmett le contempló perplejo lleno de orgullo y de deseo.
Sacudí la cabeza tratando de borrar ese último recuerdo.

—A sido interesante—. Le dije ocultando una avergonzada sonrisa.

—No lo he podido evitar—. Agregó mi hermano.

—¿Qué?… —. Preguntó Rosalie. —¿Qué a pasado? ….—. Volvió a preguntar esta vez un poco molesta por nuestro silencio y al ver la estúpida sonrisa que tenia Emmett en ese momento. — ¡¿Qué te ha mostrado?!—. Agregó exigentemente.

—Nada, nada. Que podría mostrarme. Es solo que te ama, eso es todo—.

—¿A sí? Pues si lo hace deberá tener más cuidado la próxima vez. ¿Esta bien?—.

—Soy un vampiro Rosalie, un vampiro que persigue venados. ¿Donde esta la diversión en eso? —

—Yo te mostraré la diversión—. Dijo mi hermana en un doble sentido que me hizo bajar los ojos, darme la media vuelta y comenzar a alejarme de ellos.


Odiaba asistir a esas muestras de cariño. Nada más horroroso para mi que asistir a los lujuriosos pensamientos de mis hermanos.

—Mmmmm. Será mejor que me marche.— Dije pero parecieron no escucharme realmente… o verme siquiera y me encaminé hacía la casa de Bella.

Sabía muy bien como terminaría todo eso.
Correrían por el bosque alejándose de todos y de todo. Por la mañana volverían aun más enamorados que nunca.

Algún día yo también correría de la mano con Bella de esa manera, algún día no habría diferencia entre el día y la noche para nosotros.
Tendríamos la eternidad por delante y la recorreríamos tomados de la mano.
Le apretaría contra mi cuerpo sin temor de hacerle daño y sin temor a romper sus huesos con mis ardientes caricias, seria libre, sin temor a mi deseo.
Me entregaría a ella y sería por siempre su esclavo, dispuesto a cumplir todos y cada uno de sus deseos.

Me detuve en el medio de bosque. Mi respiración se había acelerado y ahora jadeaba ruidosamente.
No era un buena idea ir a su casa en esas condiciones pero no haría nada que pudiera hacer. Debía estar con ella.
Bella estaría en su dormitorio, esperando por mi, sentada sobre su cama, con las piernas cruzadas y el cabello mojado por el baño que seguramente había tomado.
Tendría olor a flores, a frutos de bosque y madera.
Retiraría los cabellos que caían levemente sobre su rostro, le besaría y ….

Y eso era todo lo que haría, mis manos no recorrerían insaciablemente su cuerpo, mis labios no buscarían su cuello, mi cuerpo no se pegaría al suyo…

¡¡Rayos!!
Era sin duda el ser mas miserable sobre la faz de la tierra.
Resignado retomé nuevamente mi camino hacia su casa, esta vez sin correr, caminando humanamente. Dándole tiempo a mi cuerpo y a mi mente para calmar sus instintos.
Llegar a su lado en esas condiciones era sin dudas una verdadera estupidez y no me permitiría hacerlo.
Además habían otras cosas mas importantes en esos momentos que atender.
Asuntos mas complicados… más fétidos.


La noche se fue rápidamente mientras contemplaba su rostro y pronto fue un nuevo día.
Escuché la voz mental en mi mente un poco antes de sentir su olor en el aire.
Faltaba unos minutos para llegar al instituto y Jacob nos esperaba ahí.
Así de eso se trataba todo. Pero contrarío a lo que Bella creía, comprendí que era a mi a quien él esperaba.
Podría seguir de largo y no entrar en el instituto. Podría conducir sin rumbo definido ¿Pero como le explicaría mi actuar?.
¿Mañana también me esperaría? Podría eludirle entonces?
No. Creo que no lo haría.
Además no me mostraría como un cobarde, sin duda que no lo era. Y no era al él a quien yo temía de todos modos.
Temía muchas cosas. El no poder controlarme, el que algun humano sospechara más de la cuenta. Muchas cosas podían pasar, pero tenerle… nunca.

Tal vez lograría que se quedará en el coche… Pero no lo haría, no sin antes darle una buena excusa o alguna explicación llena de detalles y aristas. Pero de todas manera lo intenté.

—Si te pido que hagas algo, ¿confiarás en mí? —. Le pregunté aferrando fuertemente el volante entre mis manos.

—Eso depende—. Respondió mientras entrábamos en el estacionamiento.

—Ya me temía que dirías eso—.
De eso estaba tan seguro como que la noche precede al día.

—¿Qué deseas que haga, Edward?— Preguntó sin apartar la mirada de mi rostro.

Contesté tontamente esperanzado que debía permanecer en el coche hasta que volviera por ella.
Como todos los dias me estacioné en mi sitio habitual y seguí la voz mental de Jacob Black hasta el lugar donde se encontraba.

—Pero, ¿por qué?— Dijo Bella entonces y sus ojos se desviaron de mi rostro y fue entonces que comprendió el motivo de mi reacción.

Ahora sería imposible convencerla que lo hiciera pero creo que nunca estuve ni remotamente cerca de lograrlo.



—Oh—. Salio de su boca.

Giré hacia ella para observar su reacción pero seguía mirando al frente, en dirección hacia donde él se encontraba.

—Anoche te precipitaste en llegar a una conclusión equivocada —. Dije suavemente.

Cuando Jacob preguntó si asistiría a clases, lo único que quería era confirmar mi presencia junto a ella, quería un lugar seguro y concurrido para hablar.

—No me voy a quedar en el coche —. Agregó obstinadamente.

Apreté los dientes resignadamente. Claro que no lo haría. Había sido verdaderamente estúpido de mi parte el pedirle que se mantuviera segura en el coche … ¿En que estaba pensando cuando le propuse la idea?

—Bien, acabemos con esto de una vez—.

Caminamos hacia él consiente de la atención que acaparaba en ese monto, consiente que era y seriamos observados y escuchados por un creciente número de humanos.
Sostenía la mano de Bella firmemente y al detenerme unos un par de metros delante de él, interpuse mi cuerpo entre ambos, protegiéndola completamente.

—“Asqueroso chupa sangre”— Lanzó el chico en su mente.

Maldito perro hediondo pensé yo en la mía.
Cual era la finalidad de su maldita visita?
Venia nuevamente como mensajero de la manada.
Un incidente como el vivido el sábado pasado, no debía volver a ocurrir y no volvería a ser pasado por alto por la manada de La Push.
La próxima vez sería visto como un abierta provocación y el tratado se daría por violado y terminado.
Deberíamos marcharnos para siempre o enfrentarnos.
Pero detrás de todo eso, detrás de mascará de vocero existía el deseo latente y palpable de ver a mi Bella nuevamente.

¡¡Maldito sea, maldito!!
Me enfoqué en calmar mis arrebatados impulsos y me contuve de romperle el cuello de una vez por todas.


—Podrías habernos llamado — Dije fría y secamente. Aquella no era una visita de cortesía. Él no era bienvenido en ese lugar.

Se disculpó sarcásticamente haciendo una mueca de repulsión. Repulsivo era lamer sus propios genitales, a eso debería tenerle repulsión.

—No tengo sanguijuelas en mi agenda—. Y sin duda que prefería ser sanguijuela que tener pulgas.

Me enfoqué nuevamente en tranquilizarme…. De nada servía dejarme llevar por mis sentimientos.

Sugerí que la casa de Bella era también un buen sitio para hablar, sin duda que era el mas idóneo en esos casos, pero al parecer mis ideas no le parecían adecuadas.

—Este no es el sitio apropiado, Jacob. ¿Podríamos discutirlo luego?—

—Vale, vale—. Agregó coloquialmente, comparando mi hogar con un cripta y diciendo que pasaría por ella cuando terminaran las clases. —¿Qué tiene de malo hablar ahora?—

Su último comentario no hizo más que confirmar su falta total de inteligencia.
Miré a nuestro alrededor, el grupo de estudiantes se había incrementado impresionantemente y a cada segundo se unía uno más al grupo de curiosos humanos anhelantes de alguna distracción y nada mejor que una riña matutina para alegrar sus insípidas vidas.

Le recordé que ya conocía el motivo de su visita, que el mensaje estaba entregado y que podíamos darnos por advertidos.
Hablé bajo, tratando que la propia Bella pudiera escuchar mis reveladoras palabras.
Pero mis intentos fueron inútiles y ella leyó la duda y la preocupación en mis ojos.

—¿Avisados? —. Preguntó en cuanto desvié mi delatora mirada. —¿De qué estás hablando?—.


—¿No se ló has dicho a ella? —. Preguntó casi indignadamente. —¿Qué?, ¿acaso temes que se ponga de nuestra parte?—


Amablemente le pedí que parara pero había duda que con él las buenas maneras no fusionaban y preguntó el por que debería hacerlo,
Entonces pude sentir los ojos de Bella sobre mi exigiendo saber lo que verdaderamente sucedía.
Pero no podía decir nada, no era el lugar adecuado para pedir disculpas, no delante de todos, no delante de él.
Sin inmutarme seguí mirando fijamente a Jacob y en su rostro se insinuaba una mueca idiota de triunfo cuando Bella le preguntó sobre el asunto.

¿Qué era lo que verdaderamente ganaba con todo eso? Sin duda que el corazón de Bella no, aquel era todo mío.

Entonces le vi. modular lentamente cada palabra que salía de su inmunda boca, contándole el enfrentamiento que había protagonizado mi hermano con el otro licántropo, un tal Paul.
Traté de bajarle el perfil al incidente declarando que el sitio del incidente no pertenecía a ninguno de los dos bandos realmente pero a él no le pareció que eso fuera cierto, se sintió ofendido y su cuerpo comenzó a temblar producto de la irá que sentía en ese momento.

Era tan fácil perder el control sobre ellos mismos. ¿Cómo Bella no podía verlo, como no comprendía lo que estaba justo delante de sus ojos?

Y como era obvio sus palabras solo lograron alterar a mi prometida.
Angustiosamente quiso saber que había sucedido y si ese tal Paul estaba bien. Traté de tranquilizarle, no existía motivo para estar tan preocupada, nada ocurrió de todas formas, nada importante para darle tanta importancia. Solo la minúscula posibilidad de una guerra y la visita de una trastornada vampira.
Además como había dicho Carlisle “Lo importante es que nadie salio lastimado”. No debía inquietarse.

La mueca burlona de Jacob desapareció completamente y la incredulidad ocupo su lugar.

Condenado Vampiro del demonio, no lo puedo creer”. Agregó en su mente.

—No le has contado nada en absoluto, ¿a que no? ¿Ese es el modo en que la mantienes apartada? Por eso ella no sabe...—.

—Vete ya —. Dije dejando la educación a un lado. Ya no importaba si todo el instituto nos miraba en ese preciso momento, no me importaba mostrar mis afilados dientes al hablar y sobre todas las cosas no me importaba el arcaico tratado.
Tolo lo que importaba en ese momento era el detestable licántropo que estaba en nuestras tierras, deseando a mi compañera y exponiendo todos mis actos delante de ella y de todo el que pudiera escuchar.
Y ahora era yo el que inspiraba ruidosamente tratando de controlar mis instintos vampiricos y así evitar saltar sobre mi declarado enemigo.

—¿Por qué no se lo has dicho?—. Se atrevió a exigir.

“Eres una rata asquerosa, ¿Crees que de esa forma te amará? ¿Ocultándole el peligro al cual la expones?”

¿Como se atrevía a juzgarme? ¿Que había hecho él por ella? Nada, solo perturbarla una y otra vez.

Y de pronto sentí como el cuerpo de Bella comenzaba a sacudirse levemente hasta transformarse casi en espasmos.

—Ella ha vuelto a por mí—. Dijo ella angustiosamente.

Lo había descubierto.
Todas mis horas de sufrimiento, todo, todo el trabajo tirada por la borda.
Toda la incertidumbre, el miedo, la intranquilidad que demostraba con su cuerpo temblando contra el mío.
El ritmo acelerado por el miedo que sentía cuando solo pensaba en ello, la desesperación.
Eso no lo había pensado ese insensible ser que se paraba delante de nosotros jurando que era mejor que yo, que junto a el tenia un futuro.
Traté de tranquilizarle asegurándole que no pasaba nada.

—Nunca dejaré que se te acerque, no pasa nada—. Agregué mientras acariciaba su rostro reconfortándole. Luego me volví hacía el inmundo perro que tenia delante y le dije:

—¿Contesta esto a tu pregunta, chucho?—

—¿No crees que Bella tiene derecho a saberlo? —. Dijo desafiantemente argumentando que era su vida.

“¿A que le temes sanguijuela?”
—¿Por qué debe tener miedo si nunca ha estado en peligro?—. Dije en un susurro evitando que los espectadores lograran escuchar.

—Mejor asustada que ignorante—.

¿De esa manera le amaba? ¿Esa era su infantil forma de percibir y de demostrar amor? ¿De esa forma le protegería?
¿Acaso no podía ver el miedo que sentía Bella en ese momento?.

Sentí la necesidad de sentarla en mi regazo y acunarla entre mis brazos, prometerle que nunca dejaría que nada le lastimara, nada ni nadie. Y eso incluía a fétidos perros sobre desarrollados.
Retiré las lagrimas que comenzaban a caer por sus mejillas con la punta de mis dedos y encaré al estúpido animal.

—¿Realmente crees que herirla es mejor que protegerla?—.

Pero aseguró que Bella era fuerte, aun más fuerte de lo que yo creía.

—Y lo ha pasado bastante peor—.

Sus ojos brillaron llenos de odio y comprendí el significado de sus palabras.

El recuerdo de Jacob era vivido.
Todo indicaba que tal recuerdo se había generado estando transformado, la proximidad de su cuerpo contra el suelo cubierto de hojas, la falta total de color, la respiración acelerada, todo indicaba que era el recuerdo de un animal, de un lobo.
Olfateaba el aire, los helechos.
Era un olor conocido para mi, un olor que hubiera reconocido al otro lado del estado, un olor por el cual estaba dispuesto a matar para mantenerle a salvo.
El lobo rastreaba a Bella.

En un segundo, como un flash llegó a mi otro recuerdo.
Una suave llovizna caía sobre el bosque.
Pude ver, no muy lejos la silueta de Bella. Se encontraba en el suelo, cubría ssu cabeza con los brazos y sus rodillas permanecían pegadas a su pecho.
Supuse que tiritaba de frío, pero su expresión me decía otra cosa, me decía que lo hacia de dolor, un dolor que yo había provocado.
Vi la agonía en su rostro, en su cuerpo.
Mantenía fuertemente los ojos apretados pero era fácil ver que lloraba, la lagrimas se colaban por las comisuras de sus ojos.
Sentí como mis piernas flaqueaban, como si mi cuerpo fuera de una sustancia blanda en vez de piedra.

Pero la tortura no terminó ahí y un segundo después Jacob me mostraba otro recuerdo.
Era el mismo lugar pero esta vez ya no era el recuerdo de un lobo, ahora era el de un humano que se inclinaba sobre Bella.

El licántropo le llamó por su nombre y ella alzó la vista hacia él.
Sus pupilas apenas respondían a la luz provenientes de la linterna, el rostro marchado por la angustia pareciendo más muerta que viva.

—¿Te han herido?—. Preguntó este, pero ella no respondió, su mirada permanecía perdida, mirando hacia el frente, mirado hacia la oscuridad.

La visión de Alice solo había sido un triste eco de la verdad, la verdad era mucho, mucho más espantosa.
A eso se refería mi hermana al decir que le mataría, verdaderamente lo había hecho.

—Qué divertido—. Expresó Jacob en medio de una carcajada.
Asistir a mi dolor le reconfortaba enormemente.

—¿Qué le estás haciendo? —. Preguntó Bella a mi lado y recurriendo a toda mi fuerza sobre humana le aseguré que me encontraba bien, que no era nada.

—Sólo que Jacob tiene muy buena memoria, eso es todo—. Agregué

Entonces Jacob invocó otra secuencia en su mente.
Esta vez le ví aun más pálida que nunca, sus ojos estaban hundidos en su rostro y aunque caminaba y respiraba en ella no existía una pizca de vida, de luz o de energía vital, era solo un recipiente vacío.
Alzaba su rostro mientras la lluvia le golpeaba y ella parecía no sentirlo o no impórtale realmente.

Lo que sucedió después fue aun más doloroso que lo anterior.
Era siempre la misma imagen vista de diferentes ángulos y en diferentes contextos.
Bella aferrando su pecho fuertemente, lo apretaba como tratando de mantenerlo unido. Una mueca de dolor reinaba en su rostro mientras repetía una y otra vez esa acción.

Sentí su dolor como si fuera mío, mi cuerpo se retorcía y mis ojos clamaban por llorar. Pero no había nada que pudiera hacer, Jacob Black me había entregado algo que me acompañaría por el resto de mis días.
Yo era el causante de todo ese sufrimiento era justo que pagara por el. Y lo hice con cada músculo de mi cuerpo, con cada neurona de mi cerebro que captó detalle a detalle todo lo que vivió y sufrió mi amada Bella.

—¡Para ya! Sea lo que sea que estés haciendo—. Exigió Bella angustiosamente.
El respondió a la suplica y dejó de tortúrame.

"Eso es solo una parte. Cuando quieras te doy un poco más maldito miserable"Terminó diciendo en su mente.

1 comentario:

karen paulina dijo...

no puedo eguir leyendo conflicto eterno de edward ya queen el capitulo 6 (inevitable) se bloquea osea no puedo entrar de ahi para delante es lo mismo ayudenme por fi que esty isterica por seguir leyendo espero respuesta instantania.

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